en familia
Vive el
Grand Tour
de Cataluña
en familia
Un viaje, muchos caminos
El viaje ideal para divertirse explorando Cataluña en familia
Si buscáis una forma de descubrir Cataluña en familia, el Grand Tour de Cataluña es una propuesta llena de planes familiares para compartir vivencias, disfrutar de nuevas experiencias y crear recuerdos inolvidables conociendo el territorio.
Os damos 5 motivos para empezar esta aventura:
- Un viaje lleno de viajes, con propuestas para despertar emociones, descubrir nuevos lugares y vivir momentos inolvidables para disfrutar al máximo en familia.
- Un recorrido estructurado en etapas, con actividades de naturaleza, cultura y ocio, y con muchas experiencias para hacer escapadas llenas de diversión.
- Una ruta flexible y fácil de planificar que permite adaptar el itinerario según los intereses, el tiempo y el ritmo de cada familia.
- Una ruta que además se convierte en un juego para los niños, con vivencias que despiertan su curiosidad y un pasaporte digital que les permite conseguir puntos y recompenses.
- Un recorrido con valores que refuerza el vínculo familiar, promueve iniciativas sostenibles y fomenta el respeto por el territorio.
¿Preparados para empezar vuestro Grand Tour de Cataluña en familia?

Tramo 1
De Barcelona a Tarragona

Tramo 2
De Tarragona a Lleida

Tramo 3
De Lleida a La Seu d’Urgell

Tramo 4
De La Seu d’Urgell a Figueres

Tramo 5
De Figueres a Barcelona
Descubre las experiencias
Todas estas experiencias familiares te esperan en el Grand Tour de Cataluña
Juega al Grand Tour de Cataluña
Un pasaporte digital con 200 puntos para sellar los imprescindibles de la ruta, realizando el viaje interactivo y coleccionable. ¡Completa el recorrido y consigue tu premio!.
Saber +
Si tienes más tiempo,
también puedes
visitar...
El Castillo de Cardona corona el promontorio bajo el que se asienta esta población que vivió su esplendor en la Edad Media gracias al comercio de la sal. Aunque el preciado mineral ya se extraía en el Neolítico, fue la Carta de Población de Cardona, en la que se recoge el derecho perpetuo a explotar la sal, la que acabó de dar el impulso definitivo para que la prosperidad fluyera por sus calles. Las minas volvieron a tener una gran importancia a principios del siglo XX, estando en funcionamiento hasta 1990. Tras su cierre se puso en marcha la creación de un parque cultural que protegiera la antigua explotación minera. Actualmente, es posible conocer el Castillo de Cardona y el Parque Cultural de la Montaña de Sal mediante dos visitas guiadas y dos teatralizadas: La verdadera historia de la Torre de la Minyona y Proyecto Alquimia: el secreto del Liber Salis. En la primera conoceremos los espacios más importantes del viejo castillo condal, como la colegiata de San Vicente y las leyendas surgidas entre sus muros. En la visita a la mina acompañamos a dos científicos exploradores que siguen los pasos de un alquimista del siglo XV. Resulta muy emocionante meterse en la piel de los mineros entrando en el interior de las galerías, a 86 metros de profundidad. Como curiosidad, decir que en Cardona se rodaron algunas de las escenas principales de la película de Orson Welles Campanadas a medianoche.
El Castillo de Cardona corona el promontorio bajo el que se asienta esta población que vivió su esplendor en la Edad Media gracias al comercio de la sal. Aunque el preciado mineral ya se extraía en el Neolítico, fue la Carta de Población de Cardona, en la que se recoge el derecho perpetuo a explotar la sal, la que acabó de dar el impulso definitivo para que la prosperidad fluyera por sus calles. Las minas volvieron a tener una gran importancia a principios del siglo XX, estando en funcionamiento hasta 1990. Tras su cierre se puso en marcha la creación de un parque cultural que protegiera la antigua explotación minera. Actualmente, es posible conocer el Castillo de Cardona y el Parque Cultural de la Montaña de Sal mediante dos visitas guiadas y dos teatralizadas: La verdadera historia de la Torre de la Minyona y Proyecto Alquimia: el secreto del Liber Salis. En la primera conoceremos los espacios más importantes del viejo castillo condal, como la colegiata de San Vicente y las leyendas surgidas entre sus muros. En la visita a la mina acompañamos a dos científicos exploradores que siguen los pasos de un alquimista del siglo XV. Resulta muy emocionante meterse en la piel de los mineros entrando en el interior de las galerías, a 86 metros de profundidad. Como curiosidad, decir que en Cardona se rodaron algunas de las escenas principales de la película de Orson Welles Campanadas a medianoche.
En el año 1983, los arqueólogos Joan Santacana y Joan Sanmartí iniciaron las excavaciones de la Ciudadela Ibérica de Calafell, un asentamiento fundado a principios del siglo VI a. C. Se cree que fue el poblado fortificado de un caudillo de la tribu de los cosetanos, los íberos que vivieron en el Camp de Tarragona. Entre 1992 y 1994, el poblado fue reconstruido con técnicas de arqueología experimental y museografía didáctica, siguiendo el ejemplo del yacimiento de Ekertop, en la isla sueca de Öland. Durante la visita podemos subir a las torres y murallas o entrar en las casas, silos y talleres para ver reproducciones de objetos cotidianos y comprobar cómo era un día en la vida de una comunidad íbera. La ciudadela forma parte de la Ruta de los Íberos, un proyecto de turismo cultural impulsado y coordinado por el Museo de Arqueología de Cataluña.
En el año 1983, los arqueólogos Joan Santacana y Joan Sanmartí iniciaron las excavaciones de la Ciudadela Ibérica de Calafell, un asentamiento fundado a principios del siglo VI a. C. Se cree que fue el poblado fortificado de un caudillo de la tribu de los cosetanos, los íberos que vivieron en el Camp de Tarragona. Entre 1992 y 1994, el poblado fue reconstruido con técnicas de arqueología experimental y museografía didáctica, siguiendo el ejemplo del yacimiento de Ekertop, en la isla sueca de Öland. Durante la visita podemos subir a las torres y murallas o entrar en las casas, silos y talleres para ver reproducciones de objetos cotidianos y comprobar cómo era un día en la vida de una comunidad íbera. La ciudadela forma parte de la Ruta de los Íberos, un proyecto de turismo cultural impulsado y coordinado por el Museo de Arqueología de Cataluña.
En las comarcas de Tarragona nacieron o pasaron largas temporadas dos pintores, un músico y un arquitecto de renombre mundial: Joan Miró, Pablo Picasso, Pau Casals y Antoni Gaudí. Joan Miró llegó a Mont-roig para curarse de unas fiebres tifoideas. La masía familiar que ocupó se convirtió en su refugio veraniego durante 65 años. En Mas Miró se puede conocer parte del anecdotario vital del pintor, que llegó a afirmar que toda su obra estaba concebida en Mont-roig. Los colores de sus obras eran los del pueblo: el rojo de la ermita de la Mare de Déu de la Roca, el azul del cielo, el amarillo de sus flores y el verde de los algarrobos. Horta de Sant Joan siempre estará vinculada al nombre de Pablo Picasso, que también llegó a la población buscando recuperarse de una enfermedad. En Horta de Sant Joan no solo recobró la energía sino que convirtió los paisajes y perfiles de la Terra Alta en protagonistas de obras cubistas como La bassa d'Horta o La fábrica d'Horta d'Ebre, entre otras. «Todo lo que sé lo he aprendido en Horta», dijo el artista de esta población que hoy dedica el Centre Picasso a su memoria.
Otra de las localidades vinculadas permanentemente a un genio es El Vendrell, donde es posible visitar la casa donde nació Pau Casals, uno de los violonchelistas más importantes de todos los tiempos, en el año 1876. En el cercano barrio marítimo de Sant Salvador mandó construir la Vil·la Casals, una casa que, según sus palabras, era la expresión de su vida de catalán y de artista. Actualmente es un museo dedicado a su obra y figura. Reus, la capital del Baix Camp, también fue cuna de un artista de renombre internacional, Antoni Gaudí, que pasó en la ciudad los primeros dieciséis años de su vida. Aunque nunca llegó a construir en la ciudad que le vio nacer, Reus le dedica un centro de interpretación interactivo, el Gaudí Centre, donde uno aprende que la sala hipóstila del Parque Güell esconde un sistema de recogida de agua de lluvia o que la famosa Cruz de Gaudí se inspiró en las piñas de los cipreses. Reus también cuenta con veintiséis edificios modernistas, obra de arquitectos de la talla de Lluís Domènech i Montaner o Pere Caselles i Tarrats.
En las comarcas de Tarragona nacieron o pasaron largas temporadas dos pintores, un músico y un arquitecto de renombre mundial: Joan Miró, Pablo Picasso, Pau Casals y Antoni Gaudí. Joan Miró llegó a Mont-roig para curarse de unas fiebres tifoideas. La masía familiar que ocupó se convirtió en su refugio veraniego durante 65 años. En Mas Miró se puede conocer parte del anecdotario vital del pintor, que llegó a afirmar que toda su obra estaba concebida en Mont-roig. Los colores de sus obras eran los del pueblo: el rojo de la ermita de la Mare de Déu de la Roca, el azul del cielo, el amarillo de sus flores y el verde de los algarrobos. Horta de Sant Joan siempre estará vinculada al nombre de Pablo Picasso, que también llegó a la población buscando recuperarse de una enfermedad. En Horta de Sant Joan no solo recobró la energía sino que convirtió los paisajes y perfiles de la Terra Alta en protagonistas de obras cubistas como La bassa d'Horta o La fábrica d'Horta d'Ebre, entre otras. «Todo lo que sé lo he aprendido en Horta», dijo el artista de esta población que hoy dedica el Centre Picasso a su memoria.
Otra de las localidades vinculadas permanentemente a un genio es El Vendrell, donde es posible visitar la casa donde nació Pau Casals, uno de los violonchelistas más importantes de todos los tiempos, en el año 1876. En el cercano barrio marítimo de Sant Salvador mandó construir la Vil·la Casals, una casa que, según sus palabras, era la expresión de su vida de catalán y de artista. Actualmente es un museo dedicado a su obra y figura. Reus, la capital del Baix Camp, también fue cuna de un artista de renombre internacional, Antoni Gaudí, que pasó en la ciudad los primeros dieciséis años de su vida. Aunque nunca llegó a construir en la ciudad que le vio nacer, Reus le dedica un centro de interpretación interactivo, el Gaudí Centre, donde uno aprende que la sala hipóstila del Parque Güell esconde un sistema de recogida de agua de lluvia o que la famosa Cruz de Gaudí se inspiró en las piñas de los cipreses. Reus también cuenta con veintiséis edificios modernistas, obra de arquitectos de la talla de Lluís Domènech i Montaner o Pere Caselles i Tarrats.
El parque PortAventura World no ha parado de crecer desde su inauguración en el año 1995. Dispone de seis áreas temáticas: Mediterránea, Polinesia, China, México, Far West y Sésamo Aventura, dirigida a los más pequeños de la familia. Algunas de las atracciones más demandadas son el Shambhala, una gran montaña rusa en la que se alcanzan velocidades de más de 130 kilómetros por hora; Furius Baco, otra de las montañas rusas, dedicada al mundo del vino; y Angkor, una aventura acuática inspirada en Camboya en la que se hace un recorrido en una barca que se adentra en el interior de la jungla, donde salen al paso diferentes animales salvajes con los que hay que luchar con pistolas de agua. Una gran batalla naval pone punto final a la emocionante aventura. Otra de las señas de identidad del parque es la alta calidad de sus espectáculos, cuya programación van renovando anualmente, incluyendo actuaciones y jornadas temáticas en periodos como Halloween o Navidad. La oferta de ocio se complementa con los parques Ferrari Land y Caribe Aquatic Park. En la zona dedicada al mundo del Cavallino Rampante, recomendada para toda la familia, podemos convertirnos en pilotos gracias a un avanzado simulador, probar nuestra habilidad como mecánicos en un pit stop o sentir la fuerza de la aceleración de un Fórmula 1 alcanzando los 180 kilómetros por hora en tan solo cinco segundos.
El parque PortAventura World no ha parado de crecer desde su inauguración en el año 1995. Dispone de seis áreas temáticas: Mediterránea, Polinesia, China, México, Far West y Sésamo Aventura, dirigida a los más pequeños de la familia. Algunas de las atracciones más demandadas son el Shambhala, una gran montaña rusa en la que se alcanzan velocidades de más de 130 kilómetros por hora; Furius Baco, otra de las montañas rusas, dedicada al mundo del vino; y Angkor, una aventura acuática inspirada en Camboya en la que se hace un recorrido en una barca que se adentra en el interior de la jungla, donde salen al paso diferentes animales salvajes con los que hay que luchar con pistolas de agua. Una gran batalla naval pone punto final a la emocionante aventura. Otra de las señas de identidad del parque es la alta calidad de sus espectáculos, cuya programación van renovando anualmente, incluyendo actuaciones y jornadas temáticas en periodos como Halloween o Navidad. La oferta de ocio se complementa con los parques Ferrari Land y Caribe Aquatic Park. En la zona dedicada al mundo del Cavallino Rampante, recomendada para toda la familia, podemos convertirnos en pilotos gracias a un avanzado simulador, probar nuestra habilidad como mecánicos en un pit stop o sentir la fuerza de la aceleración de un Fórmula 1 alcanzando los 180 kilómetros por hora en tan solo cinco segundos.
La fabricación de vidrio fue una actividad muy importante para esta pequeña localidad hasta los años 50 del siglo pasado. En las salas superiores del museo nos cuentan aspectos sobre la historia del vidrio y muestran piezas de uso cotidiano que fueron cedidas por los propios habitantes de Vimbodí. La parte más interesante del museo es el taller de Paco Ramos, donde este artesano hace demostraciones de vidrio caliente realizadas a mano volante, es decir, sin la utilización de moldes. Paco calienta, sopla, retuerce, enfría y vuelve a calentar el vidrio en la fragua, mientras va explicando todo el proceso y las temperaturas a las que trabaja par dar forma a esas delicadas piezas.
La fabricación de vidrio fue una actividad muy importante para esta pequeña localidad hasta los años 50 del siglo pasado. En las salas superiores del museo nos cuentan aspectos sobre la historia del vidrio y muestran piezas de uso cotidiano que fueron cedidas por los propios habitantes de Vimbodí. La parte más interesante del museo es el taller de Paco Ramos, donde este artesano hace demostraciones de vidrio caliente realizadas a mano volante, es decir, sin la utilización de moldes. Paco calienta, sopla, retuerce, enfría y vuelve a calentar el vidrio en la fragua, mientras va explicando todo el proceso y las temperaturas a las que trabaja par dar forma a esas delicadas piezas.
Las visitas a la cueva son guiadas y tienen una duración de una hora. Mediante audiovisuales y recreaciones con figuras nos explican cómo vivieron nuestros antepasados. La cueva tiene 3.950 metros descubiertos, que transcurren en buena parte bajo el núcleo urbano de L’Espluga de Francolí. Si la parte histórica sabe a poco, se puede optar por la Ruta Aventura. Vestidos con traje de neopreno, casco y frontal, vamos caminando por el río subterráneo, en ocasiones con el agua hasta la cintura, hasta llegar a la sala del Pou de la Biela, en la que se pasa una especie de sifón antes de dar la vuelta. La ruta tiene una duración aproximada de unas tres horas y la temperatura en el interior de la cueva es bastante estable, entre los 14 y los 16 grados.
Las visitas a la cueva son guiadas y tienen una duración de una hora. Mediante audiovisuales y recreaciones con figuras nos explican cómo vivieron nuestros antepasados. La cueva tiene 3.950 metros descubiertos, que transcurren en buena parte bajo el núcleo urbano de L’Espluga de Francolí. Si la parte histórica sabe a poco, se puede optar por la Ruta Aventura. Vestidos con traje de neopreno, casco y frontal, vamos caminando por el río subterráneo, en ocasiones con el agua hasta la cintura, hasta llegar a la sala del Pou de la Biela, en la que se pasa una especie de sifón antes de dar la vuelta. La ruta tiene una duración aproximada de unas tres horas y la temperatura en el interior de la cueva es bastante estable, entre los 14 y los 16 grados.
Inaugurada en 1951, la línea férrea que une Lleida y La Pobla de Segur formaba parte de un proyecto transpirenaico que debía unir la ciudad de Lleida con Saint Girons, al otro lado de la frontera. Pero el trazado completo nunca llegó a ver la luz. Actualmente podemos realizar este viaje nostálgico hasta La Pobla de Segur gracias a dos locomotoras de los años 60 conocidas como "ye-yés", de tracción diésel. A lo largo del recorrido se atraviesan cuatro pantanos, 41 túneles de montaña y 31 puentes, con las vistas siempre puestas en el río Noguera Pallaresa y en las sierras de Mont-roig y de Montsec. El viaje en el Tren dels Llacs dura una hora y cincuenta minutos.
Inaugurada en 1951, la línea férrea que une Lleida y La Pobla de Segur formaba parte de un proyecto transpirenaico que debía unir la ciudad de Lleida con Saint Girons, al otro lado de la frontera. Pero el trazado completo nunca llegó a ver la luz. Actualmente podemos realizar este viaje nostálgico hasta La Pobla de Segur gracias a dos locomotoras de los años 60 conocidas como "ye-yés", de tracción diésel. A lo largo del recorrido se atraviesan cuatro pantanos, 41 túneles de montaña y 31 puentes, con las vistas siempre puestas en el río Noguera Pallaresa y en las sierras de Mont-roig y de Montsec. El viaje en el Tren dels Llacs dura una hora y cincuenta minutos.
Ha sucedido en muchas regiones de montaña y Catalunya no es una excepción: las carreteras llegaron a los valles pirenaicos mucho después que al resto del territorio. Su escarpada orografía siempre los mantuvo un poco al margen, lo que acentuó unas particularidades sociales y culturales que han llegado hasta nuestros días. En la provincia de Lleida hay varios museos interesantes para conocer ese acervo cultural, como el Espai Raier, en La Pobla de Segur, dedicado a los antiguos sistemas de transporte fluvial de la madera por el río Noguera Pallaresa. Esterri d'Àneu es el centro vertebrador de los Ecomuseus a les Valls d'Àneu, una nueva concepción museística que nos acerca al estilo de vida del Pallars de principios de siglo a través de una serie de actividades participativas. En Vilamòs se puede visitar el Museo de Joanchiquet, una casa tradicional de los siglos XVII-XIX que recrea la vida en la Val d'Aran de esa época.
En Boí, Taüll, Erill la Vall, Barruera, Durro, El Pont de Suert, Llesp, Casós, Vilaller y Senet, en la comarca de la Alta Ribagorça; Arties y Les, en la Val d’Aran; Isil y Alins, en el Pallars Sobirà, y La Pobla de Segur, en el Pallars Jussà, tienen lugar las fallas del Pirineo catalán, una tradición festiva reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Durante unos días concretos en torno al solsticio de verano, variando según cada población, se celebra esta fiesta en la que uno queda embelesado por las fallas, unos troncos encendidos que bajan de las montañas a hombros de los jóvenes de la zona para llegar al pueblo, donde se enciende una hoguera al son de música y danzas tradicionales.
Ha sucedido en muchas regiones de montaña y Catalunya no es una excepción: las carreteras llegaron a los valles pirenaicos mucho después que al resto del territorio. Su escarpada orografía siempre los mantuvo un poco al margen, lo que acentuó unas particularidades sociales y culturales que han llegado hasta nuestros días. En la provincia de Lleida hay varios museos interesantes para conocer ese acervo cultural, como el Espai Raier, en La Pobla de Segur, dedicado a los antiguos sistemas de transporte fluvial de la madera por el río Noguera Pallaresa. Esterri d'Àneu es el centro vertebrador de los Ecomuseus a les Valls d'Àneu, una nueva concepción museística que nos acerca al estilo de vida del Pallars de principios de siglo a través de una serie de actividades participativas. En Vilamòs se puede visitar el Museo de Joanchiquet, una casa tradicional de los siglos XVII-XIX que recrea la vida en la Val d'Aran de esa época.
En Boí, Taüll, Erill la Vall, Barruera, Durro, El Pont de Suert, Llesp, Casós, Vilaller y Senet, en la comarca de la Alta Ribagorça; Arties y Les, en la Val d’Aran; Isil y Alins, en el Pallars Sobirà, y La Pobla de Segur, en el Pallars Jussà, tienen lugar las fallas del Pirineo catalán, una tradición festiva reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Durante unos días concretos en torno al solsticio de verano, variando según cada población, se celebra esta fiesta en la que uno queda embelesado por las fallas, unos troncos encendidos que bajan de las montañas a hombros de los jóvenes de la zona para llegar al pueblo, donde se enciende una hoguera al son de música y danzas tradicionales.
Sin contar el espacio natural de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, que tiene entidad de parque nacional, dos parques naturales se reparten la zona occidental de los Pirineos catalanes. El Parque Natural de l'Alt Pirineu es un lugar de cifras superlativas; sus 80.000 hectáreas lo convierten en el mayor parque natural de Catalunya. En sus dominios también cuentan con otra cifra de récord, la Pica d’Estats, la montaña más alta en territorio catalán con sus 3.143 metros. En el parque habitan algunas especies amenazadas como el urogallo, el oso pardo y la endémica lagartija pallaresa, que no resultan nada fáciles de ver.
El Parque Natural de L'Alt Pirineu forma parte del Parc Pirinenc de les Tres Nacions. Se trata de cuatro parques naturales ubicados en Andorra, Cataluña y Francia e incluye también el Parc Naturel Regional des Pyrénées Ariégeoises, el Parque Natural comunal de les Valls del Comapedrosa y el Parque Natural de la Vall de Sorteny.
Su vecino más inmediato es el Parque Natural Cadí-Moixeró, que protege el área de las dos cordilleras que le dan nombre unidas por el collado de Tancalaporta. Es el mejor lugar de Catalunya para observar al treparriscos además de otras aves propias de los bosques montanos y subalpinos de los Pirineos, como el pito negro, emblema del logotipo del parque, o la lechuza de Tengmalm.
Sin contar el espacio natural de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, que tiene entidad de parque nacional, dos parques naturales se reparten la zona occidental de los Pirineos catalanes. El Parque Natural de l'Alt Pirineu es un lugar de cifras superlativas; sus 80.000 hectáreas lo convierten en el mayor parque natural de Catalunya. En sus dominios también cuentan con otra cifra de récord, la Pica d’Estats, la montaña más alta en territorio catalán con sus 3.143 metros. En el parque habitan algunas especies amenazadas como el urogallo, el oso pardo y la endémica lagartija pallaresa, que no resultan nada fáciles de ver.
El Parque Natural de L'Alt Pirineu forma parte del Parc Pirinenc de les Tres Nacions. Se trata de cuatro parques naturales ubicados en Andorra, Cataluña y Francia e incluye también el Parc Naturel Regional des Pyrénées Ariégeoises, el Parque Natural comunal de les Valls del Comapedrosa y el Parque Natural de la Vall de Sorteny.
Su vecino más inmediato es el Parque Natural Cadí-Moixeró, que protege el área de las dos cordilleras que le dan nombre unidas por el collado de Tancalaporta. Es el mejor lugar de Catalunya para observar al treparriscos además de otras aves propias de los bosques montanos y subalpinos de los Pirineos, como el pito negro, emblema del logotipo del parque, o la lechuza de Tengmalm.
A principios del siglo XX ya se esquiaba en La Molina, pero la llegada del ferrocarril en 1922 fue lo que dinamizó la llegada de esquiadores a esta modesta estación pirenaica situada en el municipio de Alp, en La Cerdanya. El primer telesquí de España se instaló aquí, en 1943, y poco después, en 1946, La Molina repetía como pionera en la instalación de remontes con la puesta en funcionamiento del telesilla del Turó de la Perdiu. Actualmente, además del dominio esquiable que suma 71 kilómetros en 68 pistas, La Molina ofrece dos experiencias de altura que combinan la práctica del deporte con la gastronomía. La primera propone una cena en el refugio Niu de l'Àliga, en la cota 2.520, con acceso en telecabina, vistas de la puesta de sol, cena de especialidades montañesas y descenso con esquís a la luz de la luna. La segunda propuesta consiste en tomar una copa y disfrutar de una cena en el chill out Costa Rasa, situado a 2.000 metros de altitud. El fin de fiesta también incluye un descenso nocturno con esquís por la pista Volta Muntanya Sagrada.
A principios del siglo XX ya se esquiaba en La Molina, pero la llegada del ferrocarril en 1922 fue lo que dinamizó la llegada de esquiadores a esta modesta estación pirenaica situada en el municipio de Alp, en La Cerdanya. El primer telesquí de España se instaló aquí, en 1943, y poco después, en 1946, La Molina repetía como pionera en la instalación de remontes con la puesta en funcionamiento del telesilla del Turó de la Perdiu. Actualmente, además del dominio esquiable que suma 71 kilómetros en 68 pistas, La Molina ofrece dos experiencias de altura que combinan la práctica del deporte con la gastronomía. La primera propone una cena en el refugio Niu de l'Àliga, en la cota 2.520, con acceso en telecabina, vistas de la puesta de sol, cena de especialidades montañesas y descenso con esquís a la luz de la luna. La segunda propuesta consiste en tomar una copa y disfrutar de una cena en el chill out Costa Rasa, situado a 2.000 metros de altitud. El fin de fiesta también incluye un descenso nocturno con esquís por la pista Volta Muntanya Sagrada.





