En la Vilella Alta dejamos el asfalto y tomamos una pista que atraviesa el corazón del Priorat, una DOQ vinícola muy apreciada, entre viñas escalonadas. La subida es constante pero agradable, con algún tramo más técnico y pedregoso que añade un punto de atención. El entorno es majestuoso. A la derecha, las terrazas de viñas que parecen no terminar nunca y, a la izquierda, se imponen las paredes de piedra del Montsant. El silencio solo se rompe por el sonido de las ruedas sobre la grava y por el viento que baja de la sierra. Volvemos a la carretera para unos kilómetros finales que nos llevan junto al histórico Monestir d’Escaladei, origen de la viticultura prioratina, antes de llegar a Poboleda, un pequeño pueblo de piedra que respira paz y autenticidad.

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