La vegetación alrededor de la carretera nos priva de cualquier vista hasta la mitad del descenso, donde se descubre por dónde sigue la carretera y podemos disfrutar de las vistas de todo el valle. El largo descenso nos conduce directamente al Monestir de Poblet, Patrimonio Mundial de la UNESCO y una de las joyas del Císter catalán. Desde aquí dejamos el asfalto para tomar una pista que serpentea entre olivares y cultivos, pasando por L’Espluga de Francolí, hasta llegar a Montblanc, una villa amurallada con un núcleo medieval que conserva todo el encanto de siglos pasados.