Desde el monasterio comienza una bajada inolvidable, por una carretera llena de curvas y vistas al mar que dan la sensación de que vamos a caer dentro de él. A medida que perdemos altura, el azul del Mediterráneo se acerca hasta que entramos en Port de la Selva, pintoresco pueblo marinero rodeado de montañas y bañado por el mar, donde el silencio del Cap de Creus se mezcla con el olor a sal y el sonido de las velas en el puerto y punto final de esta etapa.