Salimos de Port de la Selva bordeando el puerto y la bahía hasta la Punta de la Creu, donde el camino se eleva con fuerza por pistas pedregosas que ganan altura rápidamente. Las primeras vistas ya son espectaculares. Nos adentramos en una zona con una vegetación baja y resistente, y con rocas modeladas por el viento de tramontana. Las pistas, típicas del terreno granítico del parque, alternan tramos de subida y de bajada hasta que el mar vuelve a aparecer, ahora más lejano, y nos conduce hacia Cadaqués, uno de los pueblos más icónicos de la zona: casas blancas, callejuelas empedradas y la luz inconfundible que cautivó a Dalí. A pesar de su aire tranquilo, conserva una energía viva y marinera, rodeada por un paisaje único donde la roca, el mar y la tramontana se entrelazan.