Una vez coronado, la recompensa es el descenso hacia Navarcles pasando por Talamanca, con su castillo reconstruido en el siglo XVIII. El primer tramo es una carretera divertida, llena de curvas y con vistas espectaculares a las paredes rojizas del macizo de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Más adelante, el camino se abre ofreciendo panorámicas de buena parte del Bages. En total son unos 19 km, con cuatro pequeñas subidas que rompen la monotonía del descenso. Al llegar a Navarcles, el paisaje cambia radicalmente: dejamos atrás el parque natural para entrar en el Bages por caminos rurales y agrícolas entre campos.