Después de Palamós, la ruta sigue la costa por Platja d’Aro, S’Agaró y Sant Feliu de Guíxols, donde empieza una de las carreteras más espectaculares de la costa: conocida como la ruta de las 365 curvas. Son 30 kilómetros de costa pura, con subidas y bajadas suaves, curvas constantes y miradores sobre calas escondidas y bosques de pinos que caen hasta el mar. Cada curva abre una vista diferente: acantilados, aguas azules y la línea infinita del horizonte. La etapa finaliza en Tossa de Mar, presidida por su castillo medieval y las murallas que se alzan sobre el mar.