Desde el collado, la pista continúa casi plana, serpenteando el lomo de la montaña desde donde siempre se puede apreciar todo el valle. El paisaje es abierto y pastoral: prados inmensos, rebaños de ovejas, vacas y caballos pastando libremente, y barrancos que se deslizan hasta el fondo del valle. No hay árboles, solo una sucesión de pendientes fuertes y verdes que transmiten una sensación de espacio infinito. En algunos tramos la pista baja ligeramente y después vuelve a subir, siempre con vistas de los valles a la izquierda y de las montañas a la derecha. Es un tramo perfecto para disfrutar pedaleando sin prisa, rodeado solo de naturaleza y tranquilidad.