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Entre el verde de los pinos y el azul del Mediterráneo
Después de Palamós, la ruta sigue la costa por Platja d’Aro, S’Agaró y Sant Feliu de Guíxols, donde empieza una de las carreteras más espectaculares de la costa: conocida como la ruta de las 365 curvas. Son 30 kilómetros de costa pura, con subidas y bajadas suaves, curvas constantes y miradores sobre calas escondidas y bosques de pinos que caen hasta el mar. Cada curva abre una vista diferente: acantilados, aguas azules y la línea infinita del horizonte. La etapa finaliza en Tossa de Mar, presidida por su castillo medieval y las murallas que se alzan sobre el mar.
Para chuparse los dedos
El xuixo de Girona, elaborado con leche del Empordà, huevos de El Pla de l’Estany y harina de la propia ciudad, es un buen inicio de nuestro recorrido por la cara más dulce de Girona. En su versión más clásica está relleno de crema, pero también los elaboran con chocolate negro, manzana, ratafía y turrón, entre otros sabores. Continuamos con la visita a un obrador de chocolate, donde probamos varios tipos de cacao y unos deliciosos bombones. La ruta sigue hasta Vic, en Paisatges Barcelona, ciudad que celebra un animado mercado. Además de comprar la tradicional longaniza de Vic, nos apuntamos a un taller de elaboración de fuet artesanal.
De nuevo hacia el mar
Hermosas carreteras comarcales rodeadas de viñedos me llevan hasta Montferri. En una pequeña atalaya se levanta un santuario obra de Josep Maria Jujol, colaborador de Gaudí. La planta del santuario tiene forma de barco orientado a las montañas de Montserrat, en cuyas formaciones rocosas se inspira. Me acerco de nuevo a la costa pasando junto a Altafulla, una localidad con un buen casco histórico, conocido como Vila Closa, y un barrio marítimo, Les Botigues, que todavía conserva el sabor marinero de antaño. Al llegar a Tarragona me voy a recorrer el barrio de la Part Alta y entro en la Casa Castellarnau, un valioso ejemplo de arquitectura burguesa entre las casas nobles que encontramos en la calle Cavallers.
El ascenso por Els Ports
A medida que avanzamos, la carretera se adentra en el Parque Natural de Els Ports. El trazado se estrecha y la pendiente aumenta hasta que el asfalto da paso a la pista de tierra. Aquí comienza la subida al Montsagre, un ascenso exigente y técnico que combina rampas fuertes con un terreno pedregoso e irregular, típico de la geología calcárea del macizo. Entre los pinos, las vistas se abren progresivamente, dejando entrever el curso del Ebro y, a lo lejos, las sierras de Cardó-el Boix. Es un entorno puramente natural, silencioso y abrupto.
Castellar de N’Hug
Por la tarde lo tenemos claro, toca caminar un poco. Nos acercamos hasta Castellar de N’Hug, uno de los Pueblos con Encanto y punto de llegada del Tren del Ciment. La localidad es conocida por su espectacular entorno natural, por su románico y por el desmesurado tamaño de sus cruasanes. También porque aquí nace el río que vertebra toda la provincia de Barcelona desde el Pirineo hasta el Mediterráneo: el Llobregat. El sendero hasta sus fuentes es corto y está muy humanizado con escaleras y pasamanos de madera. Al llegar al final vemos la espectacular cascada que brota directamente de varias grietas en la pared. Antes de que oscurezca, con un par de cruasanes de kilo bajo el brazo, llegamos a Ripoll donde pasamos la noche.
Del embalse de Camarasa al Aiguabarreig del Segre y la Noguera Pallaresa
Volvemos a cruzar el Segre antes de salir de Balaguer dirección norte por pistas que nos llevan hacia Camarasa y Sant Llorenç de Montgai, donde cruzamos de nuevo el río Segre mientras el embalse se extiende a nuestra derecha. El paisaje cambia: dejamos atrás la llanura agrícola y entramos en el Espacio Natural Protegido del Aiguabarreig del Segre y la Noguera Pallaresa, donde los dos ríos se unen en un entorno de gran riqueza biológica y geológica. Aquí comienza el desnivel de la etapa. La subida inicial, por pista, ofrece buenas vistas del embalse antes de adentrarse entre campos y suaves colinas. Pasamos por Vilanova de la Sal y empezamos a notar la presencia del Montsec, que ya domina el horizonte.
Entre prados y sierras del Prepirineo
Dejamos el asfalto y tomamos una pista que continúa ganando altura hasta el Coll de Sant Pere (1.420 m) y, más arriba, hasta el Coll de Sas (1.483 m), punto más alto de la etapa. El camino serpentea entre prados de alta montaña y bosques claros, con vistas espectaculares del Tossal de la Costa (1.867 m) y el valle de Barrabés a la izquierda. Es un tramo solitario y auténtico, donde solo se oye el viento y el ruido de las ruedas sobre la grava. Después del collado, un breve descenso nos lleva hasta el pequeño pueblo de Sas, un conjunto de casas de piedra con encanto pirenaico.
Entre canales y campos
Salimos de Mollerussa por una pista ancha y llana que sigue paralela a la Sèquia Tercera del Canal d’Urgell, una de las infraestructuras que transformaron por completo esta región. El paisaje es abierto y rodeado de campos de maíz, manzanos y perales que crecen gracias al agua de este sistema de regadío histórico, construido a mediados del siglo XIX. Las pistas son anchas y rápidas, con un terreno muy similar al de la etapa anterior, ideal para rodar a buen ritmo mientras se disfruta del entorno.
La vuelta al Pantà de Sant Ponç y llegada a Solsona
Rodeamos el embalse por una pista de tierra que sigue el contorno del agua, alternando pequeños repechos con tramos más planos y abiertos. El reflejo del cielo sobre la superficie y la tranquilidad del entorno lo convierten en uno de los momentos más memorables de la jornada. Al salir de la pista, solo quedan 6 kilómetros de asfalto hasta Solsona, en un tramo final rápido y cómodo. La entrada a la ciudad se hace por calles tranquilas, con la catedral asomando entre los tejados, marcando el final de una etapa que combina naturaleza, calma y patrimonio.
Fin de ruta: llegada a Barcelona
Una vez arriba, enlazamos con el Passeig de les Aigües, uno de los espacios más emblemáticos para ciclistas y caminantes barceloneses. Este antiguo camino de servicio, hoy reconvertido en vía panorámica, recorre la vertiente de Collserola con vistas únicas sobre toda la ciudad. A medida que avanzamos, Barcelona se extiende a nuestros pies: la Sagrada Família, el mar y, al fondo, el puerto y la montaña de Montjuïc con su castillo. El descenso final, por carretera suave y serpenteante, nos lleva hasta la Plaça de Karl Marx, donde entramos en la ciudad por carriles bici hasta la Plaça Catalunya, punto final de esta etapa y cierre de la ruta del Grand Tour de Catalunya gravel.
Mar de viñas
Entramos en el Penedès y su viñedo, que se extiende hasta la orilla del mar. Para conocer de primera mano la singularidad de esta comarca visitamos dos magníficos espacios, el museo Vinseum, en Vilafranca del Penedès, y el Cava Centre, en Sant Sadurní d’Anoia, donde aprenderemos cosas tan curiosas como el proceso de formación de las burbujas en el cava. La oferta de enoturismo en el Penedès es inabarcable: catas, rutas en bicicleta o almuerzos en la viña, entre otras experiencias. Optamos por recorrer un viñedo familiar en un Méhari y seguimos con una comida campestre.
Delicias de El Maresme
El día empieza en El Maresme con la práctica de yoga entre viñas. Recorremos la Ruta del Vino D. O. Alella, de donde salen vinos acariciados por la brisa marina. En esta comarca, una de las productoras de la D. O. P. Mongetes del Ganxet, se cultivan alimentos muy apreciados en alta cocina, como los guisantes lágrima de El Maresme o las fresas, en cuya cosecha podemos participar cuando es temporada. Llegamos hasta Mataró para comprar algunas cajas de neules, tradicionales barquillos de Navidad que aquí se elaboran siguiendo antiguas recetas.
De Poboleda a Cornudella de Montsant
Salimos de Poboleda por una pista que asciende suavemente entre viñas hasta el Coll de Conill. Desde aquí, la pista desciende de manera progresiva hasta una carretera secundaria que nos lleva en dirección a Cornudella de Montsant, atravesando pequeños barrancos y zonas boscosas. A la derecha, las Muntanyes de Prades empiezan a aparecer, con sus relieves suaves y bosques densos que contrastan con las paredes de piedra desnuda del Montsant. Un inicio de etapa que combina el vino, la montaña y el silencio rural del Priorat más auténtico.
El corazón del Parque Natural
Una vez coronado, la recompensa es el descenso hacia Navarcles pasando por Talamanca, con su castillo reconstruido en el siglo XVIII. El primer tramo es una carretera divertida, llena de curvas y con vistas espectaculares a las paredes rojizas del macizo de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Más adelante, el camino se abre ofreciendo panorámicas de buena parte del Bages. En total son unos 19 km, con cuatro pequeñas subidas que rompen la monotonía del descenso. Al llegar a Navarcles, el paisaje cambia radicalmente: dejamos atrás el parque natural para entrar en el Bages por caminos rurales y agrícolas entre campos.
De Palafrugell a Palamós por la vía verde
Descendemos de Begur hacia Regencós y Palafrugell, centro histórico de la industria corchera catalana, y desde aquí nos incorporamos a la vía verde de la ruta Pirinexus. Este tramo es llano y muy agradable, rodeado de campos y masías, hasta llegar al mar en Palamós. Antiguo puerto pesquero con una larga tradición, su paseo marítimo y el puerto conservan un ambiente auténtico, donde todavía se descarga pescado a primera hora de la mañana.
Cena bajo las estrellas
En la visita a una granja de Lleida disfrutamos de la mejor manera posible de la fértil huerta del Pla, cogiendo directamente del árbol las jugosas peras de Lleida. De esta huerta también salen las hortalizas y las verduras con las que elaboran las cocas de recapte de Balaguer. A la hora de comer nos atrevemos con uno de los platos típicos de Lleida, los caracoles a la llauna. El punto dulce lo pone la visita al Museu del Torró i de la Xocolata de Agramunt, una de las paradas en la Ruta Gastronómica de L’Urgell. Cerramos el día en un antiguo monasterio, cenando bajo el cielo estrellado de El Montsec.
Vall de Núria
Desde Ripoll subimos hasta la población de Ribes de Freser donde cambiamos el coche por un tren cremallera que, tras superar mil metros de desnivel, nos deja en la cabecera de la Vall de Núria. La estampa desde aquí es digna de una pintura al óleo: arboledas, prados verdes y un santuario que se ve pequeño con el telón de fondo de las cumbres pirenaicas. Desde el santuario de Núria parten varias rutas sencillas, en las que es fácil encontrarse con rebecos y marmotas. Una parte del grupo se decanta por una pequeña excursión guiada y la otra por el paseo a caballo hasta el bosque de Verge. Para otro momento, con más tiempo, queda el reto de ascender al Puigmal, una emblemática montaña de 2.913 metros de altitud que ejerce de frontera natural con Francia.
De Gombrèn a Ripoll por el camino ganadero
Desde el collado, un descenso también lleno de curvas nos lleva hasta Gombrèn, pequeño pueblo muy bonito, tranquilo y de origen medieval, situado en un entorno de gran belleza, al pie del santuario de Montgrony. Desde aquí, dejamos la carretera y nos incorporamos al camino ganadero de Campdevànol. Es una pista rural muy ciclable que combina tramos de bosque y prados abiertos, con el sonido constante del agua de fondo. Cerca de Campdevànol, el camino se vuelve más llano y agradable, y pronto llegamos a Ripoll, centro histórico del Ripollès y cruce tradicional de caminos, donde podremos visitar el monasterio de Santa Maria, una de las joyas del románico catalán.
De Sant Sadurní a Vilafranca, entre viñas y masías
Salimos de Sant Sadurní d’Anoia pedaleando entre cepas y masías, rodeados por la calma del Penedès. Las pistas son amplias y de tierra compacta, ideales para disfrutar del ritmo pausado del territorio vinícola. Pasamos por El Pla y continuamos hasta Vilafranca del Penedès, la capital histórica del vino catalán y centro neurálgico de la DO Penedès, con numerosas bodegas que ofrecen catas y el Museo del Vino (VINSEUM). Seguimos por caminos flanqueados por viñedos perfectamente ordenados. Desde aquí, la ruta asciende progresivamente por La Serreta y Sant Miquel d’Olèrdola, con un breve tramo más exigente que regala una panorámica abierta de toda la llanura de la zona.
De La Pobla de Segur a Sentís
Salimos de La Pobla de Segur por una carretera secundaria que sube y baja suavemente entre masías y pequeños campos hasta enlazar con el Eix Pirinenc. El trazado nos lleva a través de Senterada, un pequeño núcleo encajado entre montañas, y continúa dirección norte hasta el desvío hacia Xerallo. A partir de aquí la pendiente aumenta notablemente: una carretera estrecha y sin tráfico se eleva con fuerza hasta Sentís, un pueblo de piedra situado a más de 1.200 metros de altitud, donde el paisaje es plenamente de montaña.
Descenso hacia Horta de Sant Joan
Desde el punto más alto, una panorámica espectacular sobre los valles de Paüls anuncia el inicio del descenso. La pista baja con fuerte pendiente y tiene algunos tramos técnicos, pasando por el Coll de la Carrasqueta y ofreciendo vistas sobre las impresionantes formaciones rocosas del Parque Natural de Els Ports, con paredes verticales y riscos que parecen esculturas naturales. El descenso termina en la carretera de Prat de Comte a Arnes, que seguimos unos kilómetros hasta desviarnos hacia Horta de Sant Joan, un pueblo de piedra con una silueta inconfundible, conocido por ser una de las puertas de entrada más emblemáticas del parque y por su conexión con Pablo Picasso, donde también podremos visitar el Centre Picasso, que recoge las obras que el artista creó en Horta. Una etapa corta pero intensa, donde la naturaleza se muestra en su forma más salvaje y majestuosa.
Turismo activo fluvial
Tras dos días donde apenas hemos usado el coche, volvemos de nuevo al asfalto y conducimos sin prisas hasta Llavorsí, que junto con Rialp y Sort (Destino de Turismo Deportivo de Catalunya) son las capitales catalanas del rafting. El río Noguera Pallaresa fue el primero de la península donde se inició este deporte en los años 80, con sus pasos de II, III y IV grado, figura entre los mejores ríos de aguas bravas de Europa. No queremos perdernos esta experiencia única, también apta para niños, así que nos ponemos los trajes de neopreno, el casco y el chaleco salvavidas, y nos lanzamos río abajo con la inestimable ayuda del experimentado rafter que conduce nuestra barca neumática. Además de rafting, en esta zona podemos practicar otros deportes de aventura, como hidrospeed, descenso en canoas, barranquismo o puenting entre otros. Si se busca un plan más tranquilo, en las Valls d’Àneu, otra zona acreditada con el sello Naturaleza y Montaña en Familia, tenemos varias alternativas para hacer en familia, como la visita al Ecomuseo de Esterri d’Aneu o a la Casa del Oso Pardo de los Pirineos en Isil. En la Vall d’Àssua podemos conocer el oficio de los pastores y visitar el Ecomuseo de Llessui.
Vistas de La Cerdanya
La ruta pasa por Puigcerdà, localidad junto a un hermoso lago. Entre sus calles podemos seguir los pasos de una de las novelas de Carlos Ruiz Zafón. A escasos siete kilómetros de Puigcerdà, en un desvío de la ruta, está la opción de visitar la farmacia de Llívia, una de las más antiguas de Europa. Seguimos por carreteras locales que llegan a pueblos de toponimia corta y contundentes embutidos, como el bull blanco y negro y el pà de fetge. Tras pasar Urtx, Alp y Das, subimos hasta Meranges, un pueblo de perfecta arquitectura rústica de montaña y un precioso lago, el de Malniu. Desde los 1.590 metros de altitud del pueblo tenemos vistas de toda La Cerdanya.
Llegada a El Vendrell
Dejamos atrás el embalse y entramos en una zona más llana. El camino atraviesa campos de viñas y olivos, masías y pequeños pueblos como La Gornal, siempre en un ambiente rural y abierto. Los últimos kilómetros son fáciles y agradables, ideales para rodar sin prisa hasta llegar a El Vendrell, final de etapa, punto de unión entre el interior y la Costa Daurada, y ciudad natal del músico Pau Casals, donde se puede visitar su museo.
La elegancia de Sitges
De camino hacia la costa, conduciendo por la Carretera del Vino, hago una parada en el castillo de Olèrdola, un conjunto monumental desde el que se tienen excelentes vistas de la plana del Penedès y del Garraf. Sitges, en la lista de Barrios y Villas Marineras, es una de las localidades más hermosas de la costa catalana. Desde el paseo marítimo subo las escaleras hasta la iglesia de Sant Bartolomeu i Santa Tecla, situada en un pequeño promontorio que ofrece amplias vistas de las playas de Sitges. El paseo por el casco histórico, de calles encaladas y frescas, me lleva hasta el museo Maricel, con una notable colección artística. Al salir, no dudo en probar uno de los vinos más curiosos de los que se producen en Catalunya, uno dulce hecho con malvasía que se sigue elaborando gracias a la Fundación del Hospital San Juan Bautista.
Entre colinas de viñas y carreteras sinuosas
Dejamos Falset por una carretera llena de curvas que baja y sube entre viñedos perfectamente trazados en terrazas, pasando por Gratallops y la Vilella Baixa. A medida que avanzamos, el Parque Natural de la Serra del Montsant se hace cada vez más cercano e imponente, con sus paredes verticales de roca calcárea que dominan el horizonte. El trayecto es un auténtico espectáculo visual: pueblos colgados, caminos que se enroscan sobre las colinas y el olor a vino que impregna el aire.
Amanecer en Tarraco
Vemos la salida del sol en Tarragona, ciudad Patrimonio de la Humanidad, desde la barandilla de forja conocida como Balcón del Mediterráneo, uno de esos perfectos amaneceres, con el sol remontando el horizonte marino, que un día vieron los romanos que ocuparon las gradas del anfiteatro que tenemos a nuestros pies; la misma luz cálida que llevó al poeta Florus a decir que Tarraco era la ciudad de la eterna primavera. Nuestra guía nos cuenta que con la piedra de la cantera del Mèdol, situada a las afueras de la ciudad, fueron levantando construcciones como el circo, el pretorio y las murallas que hoy visitamos.
Brindis al sol
Nos encontramos con la señora Maria, una vecina que nos cuenta un montón de secretos en la visita teatralizada a la cooperativa de Espolla. La Ruta del Vino de la D. O. Empordà tiene otra interesante propuesta en Colera, una cata vertical para comparar diferentes cosechas. Cuando la luz del atardecer va tiñendo de tonos rojizos las rocas del cabo de Creus, navegamos en una lancha mientras brindamos con una ginebra elaborada en la Costa Brava.
Aceite ecológico
Embutidos, quesos artesanos, pan con tomate con AOVE y unas almendras tostadas componen nuestro desayuno en la Vinya dels Artistes, en La Pobla de Cérvoles, en una mesa con vistas a esculturas e instalaciones artísticas integradas en el paisaje. Estamos en las tierras de la Ruta del Vino de Lleida y de la D. O. Costers del Segre, también de los aceites de la D. O. P. Les Garrigues, así que visitamos el Museu i Centre de Cultura de l’Oli de Catalunya de La Granadella, ubicado en las instalaciones de un molino de 1920.
El aceite de Picasso
Nos despertamos en un hotel especializado en enoturismo, con un desayuno que incluye productos como las clementinas I. G. P. Terres de l’Ebre y aceite de los olivos milenarios del Territorio Sénia, algunos plantados en época romana. Junto al mercado de Tortosa embarcamos en uno de los tres llaüts que navegan por el Ebro, donde probamos los pastissets, un dulce de origen árabe con diferentes rellenos. Las comarcas ebrenses cuentan con dos D. O. P. de AOVE, Baix Ebre - Montsià y Terra Alta, así que decidimos seguir con las experiencias de oleoturismo. Horta de Sant Joan está muy vinculada a Picasso; al pintor le gustaba mojar rebanadas de pan directamente de la prensa de aceite. Allí visitamos un antiguo molino y aprendemos a preparar una clotxa, antigua comida de subsistencia elaborada con un pan redondo, ajos, tomates asados, sardina de casco y AOVE. Otra de las actividades que realizan es un showcooking entre olivos.
Llegada a Tarragona
Los últimos kilómetros cruzan Vilabella y nos acercan, por carreteras secundarias y pistas abiertas, al entorno de la capital tarraconense. Pasamos por los Jardins Imperi antes de entrar en Tarragona, ciudad declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. La llegada al centro nos transporta directamente a la grandeza de Tàrraco, con sus murallas y restos romanos, como el imponente anfiteatro con el mar de fondo, cierre perfecto de una etapa variada, cultural y llena de momentos memorables.
Entre arrozales
El mosaico de campos, salinas y lagunas del delta del Ebro es especialmente hermoso cuando los campos de arroz están inundados y se forman espejos que brillan con diferente intensidad y color según la luz. En una masía familiar entre arrozales nos encontramos con un curioso proyecto, una bodega de sake que nos muestra el mundo de esta popular bebida japonesa y el miso en la única kura mediterránea. Cuentan con diferentes experiencias, una de ellas el recorrido en bicicleta eléctrica. Las fiestas anuales de la Plantada y de la Siega celebran la cultura del arroz. Una cena a base de langostinos de La Ràpita pone el punto final a un día con intenso sabor a mar.
Catedrales del Vino
La carretera que conecta las dos grandes Catedrales del Vino que visitamos en Terres de l’Ebre, las bodegas modernistas de Gandesa y Pinell de Brai, transcurre por el barranco que separa las sierras de Pàndols y de Cavalls. La belleza del paisaje no nos hace olvidar que esas montañas fueron el escenario de la batalla más conocida de la Guerra Civil. Para profundizar un poco más en el tema podemos visitar el centro de interpretación dedicado a la Batalla del Ebro en Corbera d’Ebre, llamado 115 dies, que está abierto durante todo el año.
Vinos de Alella
Antes de seguir rumbo a Barcelona, donde tenemos previsto pasar la noche, paramos en Alella para hacer una visita a una bodega, donde abrimos un cava rosado ecológico que combina a la perfección con las fresas de Vallalta. Los vinos de Alella, citados por Plinio como vinos layetanos en época romana, salen de pequeños viñedos que miran al mar. Otras dos visitas interesantes en la zona son el circuito Barcelona-Catalunya, que ofrece diversas experiencias relacionadas con la conducción a alta velocidad y es la sede de una de las pruebas más importantes del mundial de motociclismo, y la Roca Village, que cuenta con más de 140 boutiques al aire libre de firmas de lujo nacionales e internacionales con descuentos de hasta el 60% sobre el precio original, durante todo el año, y a solo 40 minutos de Barcelona. Entramos en Barcelona, punto final de este tramo del Grand Tour de Catalunya.
Pueblos de la Val d’Aran
Hemos visto que la Val d’Aran es un lugar de profundas supersticiones, de fiestas de fuego que son Patrimonio Inmaterial de la Humanidad y de artesanos que pasan las horas confeccionando cerámica, forja y embutidos como el fuet, que aquí se conoce como langoisa seca. El día empieza con las visitas a las localidades de Arties, con notables casas renacentistas en su casco antiguo, y de Salardú, donde vemos una de las joyas del románico aranés, Sant Andrèu, iglesia con una torre octogonal, destacados frescos murales y su Cristo de madera. También es posible hacer el recorrido entre Arties y Salardú en E-BTT, bicicleta eléctrica de montaña. Hay otras opciones para ir al encuentro de la idiosincrasia del valle, como los cercanos pueblos de Escunhau, Bagergue o Tredós, pero creemos que los paisajes de la zona son una invitación a recorrerlos a pie, pausadamente, así que optamos por hacer otra sencilla excursión. Si se busca un poco más de relax, se puede optar por la visita a los Banhs de Tredòs, el establecimiento termal a más altitud de Europa, con una situación privilegiada en plena naturaleza.
Bordeando la Noguera Pallaresa y el embalse de Sant Antoni
Desde el mirador, la ruta continúa suave y agradable, siempre paralela al río Noguera Pallaresa. El camino, de gravel y vía verde, alterna tramos de pista y pequeños senderos al margen de la carretera, pasando por zonas de gran biodiversidad, canales de riego y bosques de ribera. El trazado bordea el embalse de Sant Antoni, con tramos cercanos al agua y otros elevados que ofrecen vistas magníficas sobre la cuenca del Pallars. Cruzamos Tremp, donde el relieve ya se hace más suave, y continuamos pedaleando hasta llegar a La Pobla de Segur, final de etapa y punto culminante de la Ruta dels Llacs.
Subida panorámica hasta el Coll de Torn
En Saldes comienza la subida hacia el Mirador de Gresolet, uno de los puntos más emblemáticos del Parque Natural del Cadí-Moixeró. Desde estos balcones se puede contemplar la cara norte del Pedraforca y el valle de Gresolet, rodeado de bosques de abeto y haya. En este punto dejamos el asfalto y continuamos por una pista forestal que recorre la vertiente sur del macizo, con las paredes de roca a la izquierda y el valle a la derecha. El camino, siempre en ligera subida, pasa por lugares como el Collell, el Coll de les Bassotes y finalmente el Coll de Torn (1.915 m), punto más alto de la etapa. A lo largo de la subida, el Pedraforca aparece y desaparece, ofreciendo una de las panorámicas más impresionantes del recorrido.
Val d’Aran
Amanece en la Val d’Aran. La orientación atlántica de este valle, con casi un tercio de su territorio por encima de los 2.000 metros, marca el clima y la tipología de las especies de sus bosques, diferentes a las que encontramos en otras partes de los Pirineos. Pronto comprobamos que en este lugar las cosas son sensiblemente diferentes a lo que hemos visto hasta ahora. En Vielha, capital de la Val d’Aran, un cartel que anuncia una feria de artesanía hèt a man, hèt aciu (hecho a mano, hecho aquí) nos recuerda que, para empezar, aquí se habla otra lengua, el aranés. La arquitectura también es peculiar, con pueblos de piedra que crecieron alrededor de una iglesia y otros colgados de las laderas de las montañas, con amplias vistas sobre el valle.
Colonia Güell
Subo hasta Montjuïc para despedirme de Barcelona desde las alturas, un lugar en el que se pueden ver destacados jardines, como el Botánico, y museos como la Fundación Joan Miró, el Museo Nacional de Arte de Catalunya y el Pabellón Mies van der Rohe.
Pongo rumbo a Santa Coloma de Cervelló para visitar la cripta de la Colonia Güell, una espectacular obra de la etapa naturalista de Gaudí. Pese a que la cripta también forma parte de los siete edificios del arquitecto declarados Patrimonio Mundial, es la obra menos conocida de las que integran esa prestigiosa lista.
Granjeros por un día
En La Vall d’en Bas optamos por visitar una granja, actividad ideal para hacer en familia. Tras alimentar a las vacas, asistir al ordeño y ver los terneros recién nacidos, probamos la leche más fresca. Se puede vivir una experiencia similar en la Fageda d’en Jordà, en una cooperativa que desempeña una destacada labor social. Nos acercamos hasta allí para probar los yogures que elaboran y aprovechamos la cercanía para acercarnos a Santa Pau y comprar una bolsa de finas y sabrosas alubias de la D. O. P. Fesols de Santa Pau. En un pequeño hotel con encanto de la Alta Garrotxa cocinamos nuestra propia cena, participando en un taller de cocina creativa y saludable con ingredientes ecológicos, de temporada y protagonismo de los vegetales.
Gigantes en Solsona
Durante la visita guiada a esta ciudad, con un buen patrimonio barroco, veo cosas tan curiosas como la colección de enormes figuras del Cuarto de los Gigantes, donde muestran todo el bestiario que desfila por las calles en los días de fiesta. El santuario del Miracle se encuentra a apenas doce kilómetros de Solsona, Ciudad con Carácter. Su altar barroco es motivo suficiente para plantearse una visita. El viaje sigue en dirección sur, entrando de nuevo en la provincia de Barcelona, con diferentes opciones para hacer una parada, como Cardona con su castillo y las minas de sal, el Poble Vell de Súria, que se eleva sobre el margen izquierdo del río Cardener y fue un importante enclave en la ruta de la sal; o Manresa, Ciudad con Carácter con un buen patrimonio modernista.
Taller de cocina
Nosotras seguimos hasta Palamós porque nos hemos apuntado a uno de los talleres de cocina del Espai del Peix de Palamós. En esta aula gastronómica hacemos un recorrido histórico y cultural por el consumo de pescado y aprendemos a cocinar varios platos de la conocida como cocina de barca, la que hacen los pescadores a bordo. En uno de los platos que preparamos no pueden faltar el arroz de Pals y la gamba de Palamós. Con los barcos entrando a puerto para llevar sus capturas a la lonja, que también se puede visitar para seguir en vivo la subasta, ponemos rumbo a la bodega Brugarol, cercana a Palamós, que además de destacar por sus vinos lo hace por su arquitectura, ya que fue diseñada por el estudio RCR, de la localidad de Olot, ganadores del prestigioso premio Pritzker.
Vía Verde del Ferro i del Carbó hasta Sant Joan de les Abadesses
En Ripoll comienza la Vía Verde del Ferro i del Carbó, un antiguo trazado ferroviario convertido en vía ciclable. Esta vía, mayoritariamente pavimentada y rodeada de vegetación, sigue el curso del río Ter con un desnivel muy suave hasta Sant Joan de les Abadesses. Es un tramo plácido y verde, flanqueado por árboles y pasarelas de madera y puentes que cruzan los torrentes. La llegada a Sant Joan de les Abadesses, con su monasterio y el puente viejo sobre el Ter, es un final perfecto para una etapa suave que combina historia, naturaleza y arte románico.
Tierras del Císter
Cruzamos las montañas de Prades, tierra de setas y de las excelentes patatas de Prades, para llegar a Valls y probar uno de los productos más conocidos de la gastronomía catalana: el calçot de Valls. El último domingo de enero, la localidad celebra la popular Fiesta de la Calçotada. Seguimos hasta la muralla de Montblanc para conocerla desde dentro, en una visita por las siete plantas de una de las torres rematada con una cata de vinos con vistas a los paisajes de la Ruta del Trepat, variedad de uva autóctona de la D. O. Conca de Barberà. El Museu Terra en L’Espluga de Francolí nos habla de la vida rural y del trabajo en el campo, de nuestros abuelos, una visita de la que salimos emocionados. El día finaliza en las cercanías del monasterio de Poblet con un menú maridaje con trufa de La Conca.
Entre monasterios
En la comarca de El Bages buscamos nuestro siguiente alto en el camino: cultura y gastronomía en una visita a un monasterio medieval que acaba con un divertido juego, muy enfocado a familias, en el que cada equipo elabora dos recetas para intentar que su restaurante consiga una estrella. Como estamos en plena Ruta del Vino de la D. O. Pla de Bages, optamos por conocer las tinas a pie de viña, declaradas Bien Cultural de Interés Nacional, unas robustas construcciones de piedra seca en las que se elaboraba el vino. La ruta continúa hacia el norte. Dejamos atrás las huellas de los arrieros que transportaban la sal de la montaña de Cardona y llegamos a la comarca de El Solsonès, para probar unos quesos de leche cruda de oveja que elaboran en la antigua cocina del monasterio El Miracle.
De Lleida a Balaguer siguiendo el curso del Segre
Salimos de Lleida cruzando el río Segre y enseguida nos incorporamos a la Ruta dels Llacs, un itinerario cicloturista que conecta la ciudad con el Pirineo siguiendo antiguos caminos de servicio del ferrocarril. El primer tramo es completamente llano y con pistas y caminos muy lisos, rodeado de campos de cereales, frutales y cigüeñas que acompañan el trayecto. El río queda a la derecha, serpenteando lentamente entre márgenes y pequeñas balsas sobrevoladas por las aves. Entramos en Balaguer con el Castell Formós y el santuario del Sant Crist al fondo. Un buen lugar para hacer una pausa y probar la típica “coca de recapte” antes de afrontar la segunda mitad del día.
Navegación pedagógica
La primera parada del día es en L’Ametlla de Mar, para vivir la emoción de nadar entre ejemplares de atún rojo del Mediterráneo. Todas las opciones disponibles, esnórquel, buceo o tour educativo, acaban con degustación. Cada año, la localidad celebra unas jornadas dedicadas al atún rojo. En la villa marinera de L’Ampolla salimos a navegar por la bahía del Fangar y visitamos las bateas para degustar ostras y mejillones mientras nos hablan de la fragilidad del ecosistema que nos rodea.
Vermut en Reus
Nos desplazamos hasta la cercana ciudad de Reus, lugar de nacimiento de Gaudí, para llegar puntuales a la tradicional hora del vermut. Nos explican la historia de esta bebida macerada para trasladarnos a los días en que se exportaba a medio mundo y Reus fue, junto con París y Londres, una de las tres ciudades que regulaban el precio del aguardiente. Los principales elaboradores ofrecen visitas guiadas, alguna de ellas teatralizada, y degustación del producto. Los días de esplendor que el vermut trajo a la ciudad se tradujeron en numerosos encargos a destacados arquitectos modernistas. La Ruta del Modernismo recorre 26 importantes edificios, como la Casa Navàs, la Casa Rull, la Casa Gasull y el Instituto Pere Mata, obras de Lluís Domènech i Montaner, o la Casa Anguera de Pere Caselles.
Coll de les Ventoses
Salimos de El Vendrell tras visitar el Museo Pau Casals, recordando la figura del hijo ilustre de la ciudad y símbolo de la música catalana. Los primeros kilómetros discurren hacia Sant Jaume dels Domenys, por carreteras secundarias y pistas de grava entre viñedos y campos. Al salir del pueblo iniciamos la subida sostenida de 8 km al Coll de les Ventoses (560 m), el punto más alto de la etapa. La carretera regala amplias vistas sobre el Penedès, el Mediterráneo al fondo y las montañas del interior que anuncian la transición hacia la Conca de Barberà.
La Vall de la Vansa y el Coll de Jovell
Desde el Coll de Bancs comenzamos un descenso suave hasta Cornellana, donde dejamos el asfalto para tomar una pista forestal que avanza por debajo de la Serra del Cadí, siguiendo el curso del río Ribanegre. El camino es más técnico y pedregoso, pero muy auténtico: un entorno puro de montaña con vistas a las paredes calcáreas del Cadí y a los prados que llenan el valle. Esta pista nos conduce hasta el Coll de Jovell (1.793 m), un paso natural que separa Cornellana y Josa de Cadí. El paisaje es alpino, abierto y espectacular, con una clara sensación de travesía de alta montaña.
Pistas infinitas del Delta del Ebro
Entramos en el parque natural por la Playa del Arenal y bordeamos la Bassa de les Olles, la laguna más pequeña del Delta, donde ya podemos observar su rica fauna con aves que sobrevuelan los campos de arroz. El camino continúa por pistas de gravel perfectas y llanas, rodeadas de acequias y vegetación acuática, hasta llegar a Deltebre. Aquí cruzamos el pueblo y el río Ebro por el puente que une Deltebre con Sant Jaume d’Enveja. Seguimos pedaleando por pistas cómodas entre arrozales y canales, con las aves como fieles compañeras.
Del Coll d’Ares a la conca del Pallars
Comenzamos un largo descenso por una carretera estrecha y con asfalto roto, donde conviene ir con precaución. El descenso serpentea entre bosques de pinos y robles, alternando tramos de sombra con aperturas que regalan unas vistas privilegiadas del embalse de Terradets y la sierra del Montsec. Pasamos por pequeños pueblos como Sant Esteve de la Sarga, L’Alzina o Moror, donde el tiempo parece detenido, hasta llegar al Mirador de Llimiana, donde retomamos la Ruta dels Llacs, que seguiremos hasta el final de etapa.
Catedrales del vino
Seguimos ahora la Ruta del Vino de la D. O. Terra Alta. Esta comarca concentra la mayor producción de garnacha blanca del mundo. Para conocer muchas de las historias que encierra esta uva de marcado carácter mediterráneo, entramos en las catedrales del vino de Gandesa y El Pinell de Brai, las dos más impresionantes entre las bodegas modernistas de Cataluña. Al pasar por La Ribera d’Ebre prometemos regresar en las fechas de la floración, entre febrero y abril, cuando los almendros, los melocotoneros y los cerezos llenan los campos de tonos blancos y rosados.
Caminando por Aigüestortes
La Vall de Boí, acreditada con la marca Naturaleza y Montaña en Familia, es un paraíso para los amantes del senderismo con recorridos adaptados a todos los niveles, desde los de dificultad baja ideales para hacer con niños hasta rutas más exigentes para senderistas experimentados. Nosotros escogemos subir hasta el Planell d’Aigüestortes desde Boí, en un taxi 4x4, para iniciar una suave excursión que nos llevará hasta el Estany Llong. La senda que sube hasta el collado de Rus es el camino histórico que usaban los habitantes de la Vall de Boí para ir a Barcelona antes de que se construyeran las carreteras. El mismo sendero, pero en sentido contrario y a lomos de un burro, era muy transitado por la burguesía catalana que se desplazaba desde la ciudad condal para visitar los baños termales de Caldes de Boí. Después de la caminata el hambre aprieta, por suerte la Vall de Boí es un lugar idóneo para probar la contundente gastronomía pirenaica: setas, quesos de pastor y una carne que en los restaurantes de la zona sirven cocinada a la llosa.
El Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici tiene tres entradas. Una es la de Boí y Espot, los pueblos donde están las sedes principales y por donde se ha de entrar para visitar los lugares más conocidos, como Aigüestortes y el lago de Sant Maurici. Existe una segunda entrada, a través de los pueblos de Sort y Llessui, donde hay un centro de información del parque. Y la tercera es la de Pont de Suert y Senet, donde también hay un centro de información del parque.
El descenso por Castellar de n’Hug y el nacimiento del Llobregat
Iniciamos una larga bajada llena de curvas y panorámicas, una carretera perfecta para disfrutar sin prisa. El descenso pasa por el encantador pueblo de Castellar de n’Hug, famoso por su entorno natural y por el lugar donde nace el río Llobregat. A medida que perdemos altura, los prados alpinos dejan paso a bosques y el relieve se vuelve más amable. Los últimos kilómetros siguen el curso del río hasta llegar a La Pobla de Lillet, una villa llena de historia que esconde una de las obras más desconocidas de Gaudí, los Jardins Artigas, y pone punto final a una etapa plácida pero con bastante desnivel.
Atravesando las Muntanyes de Prades
Desde Cornudella de Montsant seguimos por una carretera de montaña que entra en el espacio natural de las Muntanyes de Prades, un entorno que sorprende por su verdor y la variedad de paisajes. El trazado pasa por Albarca y supera el Coll de Forcals, donde se abren vistas sobre los valles interiores y los bosques de encinas y pino rojo. El ascenso continúa, siempre constante pero agradable, hasta el Coll de l’Arena (1.034 m), el punto más alto de la jornada. Desde el Coll de l’Arena comienza un espectacular descenso de 16 km por una carretera en perfecto estado, llena de curvas y con un ritmo fluido que invita a disfrutar de la conducción.
Del mar al macizo del Montgrí
Desde Sant Pere Pescador seguimos por pistas rurales y tramos de la ruta Pirinexus hasta l’Escala, donde el recorrido bordea la costa por el camino de ronda antes de entrar hacia el interior. Cruzamos zonas agrícolas hasta llegar al Parque Natural del Montgrí, les Illes Medes i el Baix Ter. Pasaremos por Ullà y Torroella de Montgrí, a los pies del castillo del siglo XIII que corona el macizo calcáreo. Los bosques de pino blanco y los matorrales se mezclan con cultivos de arroz y canales. A ambos lados del río, el mosaico de campos y masías nos recuerda la importancia agrícola e histórica de esta llanura fluvial.
Carreteras secundarias
La pista nos conduce hasta la carretera de acceso a Serrateix, un tramo secundario por el que apenas pasa tráfico. La ruta se dirige hacia Montmajor, siempre con la Serra de Sallent dibujada al fondo como referencia constante. En Montmajor, la carretera se retuerce en un descenso amable que nos lleva hasta Navès. Desde aquí, el perfil se suaviza y pronto aparece ante nosotros el azul profundo del Pantà de Sant Ponç, un embalse encajado entre bosques que invita a bajar el ritmo y disfrutar de los colores del agua.
Un baño histórico
La ruta sigue en dirección sur bordeando la bahía de Roses, integrada en el Club de las bahías más bellas del mundo, y cruzando el Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, uno de los espacios naturales de Catalunya con mayor variedad de aves. La tarde la reservamos para la historia porque queremos conocer las ruinas de Empúries, el lugar por el que griegos y romanos entraron en la península. Escogemos una visita guiada especializada en el comercio y consumo de vino en el mundo antiguo. La privilegiada situación de las ruinas, a pie de playa, nos permite una cosa insólita: el baño junto al muelle en el que hace veinticinco siglos atracaron los barcos griegos. A apenas seis kilómetros al sur del recinto arqueológico está L’Escala, localidad declarada Villa Marinera por su histórica conexión con el mar, donde visitamos el Museo de la Anchoa y de la Sal para conocer el trabajo de las factorías de salazón que tanta prosperidad trajeron a la localidad. Como no puede ser de otra manera, degustamos las famosas anchoas de L’Escala en una de las tradicionales tabernas del centro histórico.
Un baño en el Mediterráneo
Acabamos el día como lo comenzamos, en el mar, pero esta vez a bordo de un catamarán para ver la puesta de sol. Poco después de salir de puerto despliegan las velas y silencian los motores. Tras un rato de navegación, sin perder de vista Barcelona, detienen la embarcación y nos invitan a darnos un baño en el Mediterráneo, invitación que no dudamos en aceptar. De vuelta a bordo nos han preparado un aperitivo con fruta de temporada y una copa de cava, con la que brindamos por un gran viaje mientras el sol se pone tras las montañas de Collserola.
Llegada a Lleida
Pasamos por el paraje de los Tossals de Torregrossa (Margalef y La Pena), pequeñas elevaciones que ofrecen vistas amplias sobre la plana de Ponent. Las pistas continúan igual de cómodas y perfectamente ciclables hasta llegar a las afueras de Lleida, donde el paisaje rural se diluye entre los primeros núcleos urbanos. Entramos en la ciudad con la Seu Vella como faro visible desde la distancia, símbolo inconfundible de la capital del Segrià. La etapa y el tramo finalizan al pie de la colina donde se alzan la Seu Vella y el Castell de la Suda, un punto final inmejorable para un recorrido que ha combinado historia, naturaleza y autenticidad. Muy recomendable subir hasta allí para disfrutar de una panorámica completa de las Terres de Lleida.
Subida al techo de la etapa: el Coll d’Ares (1.534 m)
Salimos de Àger y enseguida iniciamos el ascenso al Coll d’Ares: 14 kilómetros de subida para superar 935 metros de desnivel. La carretera, estrecha y sin tráfico, asciende serpenteando por el macizo y nos ofrece cada vez mejores vistas sobre el valle de Àger. En la primera mitad del ascenso pasamos por el Parc Astronòmic del Montsec, uno de los mejores lugares de Cataluña para observar el cielo nocturno. A medida que ganamos altitud, el paisaje se vuelve más abierto y rocoso, y una vez en el collado, a 1.534 metros, las vistas son inmensas: la Vall Alta de Serradell–Terreta–Serra de Sant Gervàs al fondo y, más allá, los Pirineos en el horizonte.
Un cielo Starlight
Antes de que acabe el día, merece mucho la pena retroceder algunos kilómetros en la ruta para llegar a Àger y conocer otro de los grandes espectáculos de la naturaleza: la noche estrellada. Las montañas del Montsec, zona declarada Destino Turístico y Reserva Starlight, acogen el Centro de Observación del Universo, donde grandes y pequeños aprendemos un poco más sobre los misterios del cosmos. Tras un día intenso y lleno de emociones ponemos rumbo a La Pobla de Segur, punto final del histórico Tren de los Lagos, un recorrido con espectaculares vistas panorámicas.
Los dominios del Montsant
Al pie del Montsant, antes de llegar a Poboleda, otro de los hermosos pueblos del Priorat, nos encontramos con Escaladei. La primera cartuja de la península, responsable del nombre de la comarca del Priorat, nos habla del pasado monacal y eremita del actual Parque Natural del Montsant, una sierra cargada de gran simbolismo y muy apreciada por escaladores de todo el mundo. En el alojamiento nos habían hablado de una excursión que parte de La Morera de Montsant y asciende al Montsant por el grado de Barrots, un corto itinerario senderista que parte de la Morera de Montsant y llega hasta el Balcón del Priorat, una terraza natural pegada a la roca con amplias vistas sobre la comarca. La anotamos para cuando volvamos porque queremos disfrutar de la tarde en Siurana, Pueblo con Encanto, con su caserío colgado de un risco y la vista privilegiada sobre el pantano. Mientras la guía que dirige la visita nos habla de los sarracenos que llegaron a la localidad, en la montaña de enfrente los escaladores se ponen a prueba para encadenar algunas de las rutas de escalada deportiva más prestigiosas del mundo.
Durmiendo bajo las estrellas
Conducimos hasta la cercanías de Banyoles, en los alrededores del lago hay diversas opciones de camping y nosotros optamos por el glamping. Nuestras habitaciones son unas curiosas burbujas transparentes ubicadas en plena naturaleza que nos permiten contemplar el cielo estrellado desde la cama.
Un paseo literario
Tras haber probado los platos que hemos preparado se impone un buen paseo. Optamos por una ruta literaria y nos dan a escoger entre la que recorre los escenarios de La sombra del viento o los de La catedral del mar. Nos decantamos por la segunda propuesta para visitar la basílica de Santa María del Mar, en el barrio del Born, y poder continuar con el callejeo sin prisa por este animado barrio en el que hay numerosas opciones para ir de tapeo y tomar una copa de vino.
En bicicleta
La vista desde la azotea del hotel, donde tengo preparado el desayuno, me ofrece una panorámica de 360 grados sobre Barcelona, desde la ciudad que mira al mar hasta la que se apoya en las montañas. Tengo la playa a los pies, al fondo asoma la Sagrada Familia y los modernos edificios de la Villa Olímpica y la torre Glòries, iconos arquitectónicos del perfil de la capital catalana. El cielo, como durante más de 300 días al año, está despejado; una invitación a recorrer las calles de la ciudad en bicicleta. La ruta escogida me lleva a pedalear, con una curiosa bicicleta ecológica de bambú, para llegar hasta varios buenos murales de arte urbano.
Atravesando el valle de Barravés
Salimos de El Pont de Suert siguiendo el curso del río Noguera Ribagorçana, que acompaña los primeros kilómetros de etapa. Las pistas y caminos se alternan con tramos pavimentados, siempre paralelos al río, entre campos, bosques y pequeños pueblos como Les Bordes, Vilaller o Ginast. El valle está rodeado de crestas montañosas que se elevan progresivamente mientras nos adentramos hacia el norte. Después de Forcat, giramos a la derecha para tomar una pista que asciende con fuerte pendiente hasta Senet.
Atravesando el Montseny: del Coll de Bordoriol al Coll de Sant Marçal
A partir de Viladrau comienza la parte más espectacular de la etapa. La carretera se adentra en el Parque Natural del Montseny y empieza a ganar altura de forma constante. Subimos hasta el Coll de Bordoriol y después continuamos hacia el Coll de Sant Marçal (1.324 m), siempre rodeados de bosques densos de haya, abeto y roble. En las zonas más altas, la luz entra filtrada y el silencio es absoluto, mientras que en verano los verdes son intensos y en otoño el bosque se llena de tonos dorados y rojizos. Desde los puntos más abiertos se pueden ver las montañas que rodean el macizo y el valle de Santa Fe.
Comiendo con Dalí
La ruta gastronómica por Figueres va enlazando espacios sentimentales de Dalí: paseando bajo la Torre Galatea o en la bodega de Ca la Teta vamos probando esos vinos oreados por la tramontana acompañados de platos como el mar y montaña. En Peralada tenemos cita para visitar una vanguardista bodega, obra del estudio RCR, los arquitectos de Olot ganadores del Pritzker. El museo del castillo de Peralada alberga una colección de objetos relacionados con el mundo del vino. Para la siguiente visita, en Garriguella, necesitamos ponernos el traje de apicultor para conocer el proceso de producción de la miel de L’Albera.
De Girona al Ter, pedaleando entre bosques de ribera
Salimos de Girona siguiendo pistas anchas y bien compactadas que ascienden suavemente paralelas al río Ter. El camino avanza entre campos de cultivo y bosques donde dominan alisos, álamos, fresnos y sauces, árboles que aprovechan la humedad constante del río. La luz se cuela entre las hojas y el sonido del agua acompaña el pedaleo. Pasamos por Sant Gregori y Bonmatí, donde el paisaje empieza a volverse más rural y el relieve más ondulado.
Arte en Figueres
Suenan las campanas de la iglesia de Sant Pere de Figueres, uno de los espacios vitales de Dalí, el genio de sublimes bigotes. Vamos a dedicar la mañana a unir los puntos clave en la ruta del pintor surrealista, el Triángulo Daliniano formado por su ciudad natal, la casa de Port Lligat y el castillo de Púbol, haciendo algunas paradas en el camino. En el Teatro-Museo Dalí quedamos fascinadas por los mil detalles que encontramos en los trampantojos del artista. En el Museo del Juguete vemos una exposición sobre sus años de juventud, y en el espacio Dalí-Joyas una preciosa colección de sus diseños para joyería. Otra interesante visita igualmente vinculada al arte, especialmente al comarcal y al contemporáneo, es el Museo del Empordà.
Manzanas de Girona
Como estamos en tierras de la I. G. P. Manzana de Girona, seguimos hasta Palau Sator para visitar una sidrería en la que compramos diferentes productos derivados de esas manzanas. No solo el más obvio, la sidra, también zumos, confituras y vinagre. La ruta se acerca de nuevo a la costa, a las calas de Begur, otra de las localidades incluida en la marca Barrios y Villas Marineras. Nadie plasmó mejor las comarcas del Empordà que el escritor Josep Pla. Si nos interesa su literatura y sus paisajes es recomendable acercarse hasta Palafrugell, donde está la fundación de Josep Pla, y a Calella de Palafrugell, Pueblo con Encanto, para recorrer los paisajes de infancia del escritor, que pasó los veranos en la casa familiar de la playa del Canadell.
De Salardú al Pla de Beret, nacimiento de la Noguera Pallaresa
Salimos de Salardú dirección Baqueira por carretera, siguiendo el trazado del puerto que conduce al Pla de Beret. Son unos 6 kilómetros de subida con unos 400 metros de desnivel, constantes pero asequibles, en medio de casas y rodeados de bosques de abeto y pino negro. A medida que ganamos altura, las vistas sobre el Val d’Aran se amplían y la carretera se despliega entre prados de alta montaña. El Pla de Beret, a más de 1.850 metros de altitud, es una de las llanuras naturales más extensas de los Pirineos. Aquí nace el río Noguera Pallaresa, rodeado de un entorno idílico de pastos y cimas redondeadas que en invierno se convierten en el dominio esquiable más grande de los Pirineos: Baqueira Beret.
El Camino Natural de la Vía Verde de la Val de Zafán
Salimos de Horta de Sant Joan y enseguida nos incorporamos al Camino Natural de la Vía Verde de la Val de Zafán, un trazado ferroviario en desuso reconvertido en camino cicloturista que desciende suavemente en dirección sur. La ruta transcurre entre montañas y bosques mediterráneos, pasando por Bot y cruzando numerosos puentes y túneles, algunos iluminados y otros no, motivo por el cual es recomendable llevar luz. El trazado acompaña al río Canaletes, que aparece y desaparece entre congostos y pozas de agua clara, creando una sensación constante de aventura y calma a la vez. Un tramo emblemático, donde la naturaleza y la historia ferroviaria se encuentran.
Descenso hacia Bagergue y Salardú por la Vall d’Unhòla
Desde el collado, el panorama es majestuoso: delante se abre la Vall d’Unhòla, cerrada por cimas como el Cap des Closos y el Tuc Blanc de Parros. La bajada comienza por una pista ancha donde la vegetación es más escasa y contrasta con el verdor del valle anterior. El río Unhòla, que tiene las aguas de un color característico, de tonos marrones a rojizos por la presencia de óxidos-hidróxidos de hierro, nos acompaña los últimos kilómetros hasta llegar a Bagergue, el pueblo más alto del Val d’Aran. Seguimos bajando por la carretera hasta llegar a Salardú, punto final de la etapa.
Buenos quesos
Después de las emociones, la visita a algunos artesanos del queso de montaña nos devuelve las pulsaciones a su ritmo habitual. Nos apuntamos a conocer el proceso de elaboración y a degustar los manjares de unas queserías cuyos quesos han obtenido prestigiosos galardones como el World Cheese Award. Antes de terminar nuestro día en El Pallars Sobirà, nos desviamos unos kilómetros para acercarnos a la pintoresca localidad de Gerri de la Sal, donde visitamos su casco antiguo amurallado, un monasterio del siglo XI, un puente medieval y unas salinas con su Real Alfolí, monumentos catalogados como Bien Cultural de Interés Nacional.
De Vic a Viladrau, puertas del Montseny
Salimos de Vic por pistas y carreteras secundarias que cruzan la llanura de Osona entre campos de cereales y masías dispersas. Pasamos por Sant Julià de Vilatorta y comenzamos la subida por pista al Coll de Romegats (725 m), un puerto suave que nos acerca al Parque Natural del Montseny. La carretera es estrecha y tranquila, con tramos boscosos y vistas abiertas sobre la llanura que dejamos atrás. Tras un breve descenso llegamos a Viladrau, conocido por su agua y sus más de doscientas fuentes naturales, que brotan por todo el pueblo y el bosque. Su microclima fresco y húmedo, único dentro del Montseny, ha convertido la zona en un lugar privilegiado, donde el agua y la naturaleza definen el carácter del sitio.
Bordeando el Mediterráneo
Salimos de Sitges por su paseo marítimo, con sus casas indianas y modernistas junto al mar, utilizando el carril bici con el azul intenso del Mediterráneo a nuestra izquierda hasta los Jardins de Terramar. Tomamos una vía verde que atraviesa un bosque fresco y sombreado hasta Les Roquetes del Garraf. Cruzamos la capital comarcal, Vilanova i la Geltrú, y dejamos atrás el ambiente costero para dirigirnos hacia el interior. El camino gana altura poco a poco hasta entrar en el Parque del Foix.
El legado judío
Desde Banyoles, la carretera discurre entre pinares hasta la noble villa de Besalú, donde vemos el magnífico puente románico sobre el río Fluvià, uno los emblemas de la Catalunya medieval. El núcleo histórico y el call jueu, el barrio sefardita del siglo XIII que todavía conserva su sinagoga y su micvé, están en un extraordinario estado de preservación. Por la tarde continuamos nuestra ruta hasta Figueres, la ciudad natal del genio Salvador Dalí. Cenamos en una de las terrazas de la Rambla en cuyas cafeterías pasó largas horas dibujando el Dalí adolescente. En una de ellas, el café Emporium, el pintor surrealista y su amigo Luís Buñuel escribieron el guion del cortometraje Un Perro Andaluz.
Con el Mediterráneo como guía
Al salir de Cambrils, la ruta continúa por carretera hasta Miami Platja, donde retomamos el paseo marítimo paralelo al mar, pasando por encima de calas idílicas como la Cala dels Vienesos o la Cala de les Sirenes. Llegamos a L’Hospitalet de l’Infant, desde donde bordeamos la Platja del Torn por la carretera, con el azul intenso del Mediterráneo a tocar. Después de un último tramo por carretera y pistas costeras, entramos en Calafat y seguimos por el Camí de les Tres Cales, que nos conduce hasta Ametlla de Mar, una villa marinera llena de encanto y punto final perfecto para una jornada de pura esencia mediterránea.
Entrada en el Bages
Tras atravesar Artés, cruzamos por debajo de la C-25 mediante un paso subterráneo que marca el inicio del Camí de Sant Martí de Serraima. Este tramo de gravel en pendiente nos hace ascender hasta una pista elevada que ofrece vistas panorámicas de la comarca. La parte final de la etapa es perfecta para terminar el día, con suaves subidas y bajadas entre campos de cultivo. Tras coronar el suave Pic Garrofí, descendemos hacia Navàs por una pista que enlaza con la carretera de Gaià. Los últimos kilómetros, con el sol poniéndose sobre los campos dorados y las siluetas de las montañas al fondo, cierran una etapa que nos muestra las dos caras de esta región: la montaña que hay que superar y la llanura central que nos espera.
Subida entre bosques hasta el Pic de l’Orri
Salimos de Sort siguiendo una vía ciclista que va paralela al río Noguera Pallaresa hasta Rialp, un tramo llano y muy agradable. Desde aquí, tomamos la carretera de Roní en dirección a la estación de esquí de Port Ainé, iniciando una subida larga y constante de 25 km y 1.681 m de desnivel positivo. Los primeros kilómetros, por asfalto, ascienden entre bosques de pino rojo y abeto, con vistas puntuales sobre el Pic de l’Àliga y el valle del río. Pasamos por Roní y seguimos la carretera hasta Port Ainé, donde cambiaremos el asfalto por pista de gravel. A medida que ganamos altura, la vegetación se aclara y el paisaje se abre: las pistas de esquí de Port Ainé marcan los últimos metros hasta la cima de la Torreta de l’Orri (2.439 m), techo de la etapa y punto culminante del macizo.
Alrededor del lago de Banyoles
Ya en la llanura, la ruta enlaza con el itinerario ciclista de la Volta a l’Estany de Banyoles, un recorrido circular de unos 6,5 km que rodea el lago por caminos ciclables. Es un final perfecto: un entorno tranquilo, lleno de aves y vegetación acuática. El reflejo del cielo sobre el agua y la sensación de calma ponen el punto final a una travesía que ha recorrido todo el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa hasta las aguas quietas del Estany de Banyoles.
Sabores de Girona
Sin dejar la costa, hacemos un pequeño desvío en la ruta para llegar hasta Lloret de Mar y visitar los jardines de Santa Clotilde, plantados sobre un impresionante risco con vistas al mar. El paisajista y arquitecto Nicolau Rubió se inspiró en el Renacimiento italiano para diseñar este hermoso espacio. En la escalinata que se dirige al mar, flanqueada por estatuas de sirenas, no vemos el momento de dejar de hacer fotos para publicar en nuestras redes sociales. En Blanes encontramos otro importante jardín, el de Marimurtra. Este jardín botánico, donde se realizan importantes estudios científicos, fue fundado por el alemán Carl Faust. El templete que mira a la cala de Sa Forcanera es uno de los lugares más fotografiados de la Costa Brava. Ponemos rumbo al norte, hacia tierras del interior, para alcanzar Girona, declarada Ciudad con Carácter. Escogemos una visita a la ciudad a través de sus sabores. Además de pasear por el patrimonio, como la catedral, la judería y las coloridas casas sobre el río Onyar, saboreamos el xuixo de crema, los brunyols, quesos con pa amb tomàquet y aceite de oliva, fideuà y el helado que elabora uno de los hermanos Roca, entre otros pequeños bocados.
Mató y carretera
Tras comprar un poco del tradicional mató, un requesón que está delicioso combinado con miel, en las tiendas que hay alrededor de la plaza del santuario, hago la bajada de la montaña en el Aeri, el teleférico que sobrevuela el valle del Llobregat. Toca recuperar el coche para recorrer la carretera que cruza el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. Aunque me llama la atención la opción de acercarme a Sant Fruitós de Bages para hacer un salto en tándem, un minuto de caída libre desde los 4.000 metros de altura, decido aplazarlo para cuando vuelva en compañía y poder compartir la aventura.
Del pie del Montseny a las pistas de sauló
Salimos de Sant Celoni en dirección sur, cruzando la AP-7 por un paso subterráneo para adentrarnos en el valle de Olzinelles. La carretera es estrecha y tranquila, rodeada de encinas y pinos en un entorno verde y húmedo que conserva la esencia del Montnegre. Antes de llegar al pueblo, giramos a la derecha para comenzar la subida por una pista de sauló que se eleva por el bosque hasta el Coll de Can Poliva (471 m). El ambiente es totalmente mediterráneo: pistas polvorientas, aromas de pino y romero, y vistas que se abren de vez en cuando.
Del paisaje de Dalí al faro del Cap de Creus
Desde Cadaqués seguimos por una carretera estrecha y sinuosa que pasa por Portlligat, donde la casa de Salvador Dalí se abre al mar, y continúa ascendiendo entre rocas erosionadas hasta el faro de Cap de Creus, el punto más oriental de la península ibérica. El faro, situado a 87 metros sobre el nivel del mar, domina un entorno de una belleza mineral y salvaje: acantilados, calas escondidas y formaciones rocosas, donde Dalí encontraba inspiración en las formas del viento y la piedra. El descenso de vuelta a Cadaqués es corto pero espectacular, con el mar siempre de fondo y el viento trayendo olor a sal.
De La Seu d’Urgell al Coll de la Trava
Salimos de La Seu d’Urgell, capital histórica del Alt Urgell y punto de confluencia de los ríos Segre y Valira. Su casco antiguo y la catedral románica de Santa Maria marcan el punto de inicio de una etapa exigente. Dejamos atrás la ciudad para tomar la carretera que sube al Coll de la Trava (1.480 m), una ascensión larga de 16 km y 834 m de desnivel positivo. Es una carretera tranquila, rodeada de bosques de pino rojo y con vistas constantes a las montañas de alrededor. A medida que ganamos altura, las montañas de la Serra del Cadí empiezan a aparecer al fondo, imponentes y abruptas. Una vez coronado el collado, un tramo suave y ondulado de 6,5 km nos permite recuperar el aliento y disfrutar de las vistas antes de llegar al Coll de Bancs, con panorámicas abiertas hacia la Vall de la Vansa.
Descenso hacia el mar: llegada a Port de la Selva
Desde el monasterio comienza una bajada inolvidable, por una carretera llena de curvas y vistas al mar que dan la sensación de que vamos a caer dentro de él. A medida que perdemos altura, el azul del Mediterráneo se acerca hasta que entramos en Port de la Selva, pintoresco pueblo marinero rodeado de montañas y bañado por el mar, donde el silencio del Cap de Creus se mezcla con el olor a sal y el sonido de las velas en el puerto y punto final de esta etapa.
El Pinell de Brai y la Catedral del Vino
Dejamos la Vía Verde y, por carretera secundaria, llegamos a El Pinell de Brai, un pueblo con una de las joyas arquitectónicas más singulares del territorio: su Catedral del Vino, una cooperativa modernista proyectada por Cèsar Martinell, discípulo de Gaudí. El edificio, con arcos parabólicos y cerámica ornamental, es un símbolo de la cultura del vino y de la identidad de la Terra Alta, una de las 12 denominaciones de origen vinícolas de Cataluña. Desde El Pinell, una pista se adentra entre bosques y viñedos que van ganando altura hasta ofrecer unas vistas panorámicas excepcionales sobre el valle del Ebro y la Serra de Montsant al fondo.
L’Espluga de Francolí
Continuamos hasta L’Espluga de Francolí para visitar el Museo de la Vida Rural, donde entramos en contacto con los valores y el esfuerzo de la gente del campo. Es una visita que nos emociona profundamente por la familiaridad de muchos de los objetos allí expuestos, objetos que representan modos de vida que llevaron nuestros abuelos y que actualmente han desaparecido. Sin salir del pueblo, seguimos indagando en la historia de nuestros antepasados pero esta vez damos un salto mucho más grande, entramos en la cueva de la Font Major para ir al encuentro del pasado geológico y prehistórico de las comarcas tarraconenses. Si buscamos un poco más de aventura, la cueva también da la posibilidad de hacer un recorrido espeleológico. Desde L’Espluga de Francolí seguimos el viaje para entrar en las comarcas de Lleida.
Campesinado y patrimonio
Por la mañana, los puestos del mercado del Fòrum de Tarragona, situados entre ruinas romanas Patrimonio de la Humanidad, rebosan frescura y color, con productos que llegan de la huerta del Camp de Tarragona. Sin salir del casco histórico, hacemos una ruta para conocer la historia del vino de la D. O. Tarragona y de jóvenes productores de vinos naturales, en la que nos hablan de la recuperación de L’Embutada, fiesta que celebra la llegada del vino novel. Paseamos hasta el barrio marinero de El Serrallo para saber más de otro de los tesoros gastronómicos de la ciudad, los pescados y mariscos con los que elaboran el romesco, que aquí no es una salsa, sino la base de esta receta vinculada a la cocina de barca.
En La Seu d’Urgell
Continuamos hasta La Seu d’Urgell, en la comarca del Alt Urgell, una ciudad situada entre dos ríos y bajo el influjo de la cercana sierra del Cadí. El sol de las últimas horas de la tarde ilumina Santa María, la única catedral íntegramente románica que se conserva en Catalunya; estamos justo a tiempo de visitar su interesante claustro. En esta localidad encontramos el único queso de Catalunya con denominación de origen protegida, un producto de alta calidad gracias al entorno donde se produce. La Seu d’Urgell está considerada la capital catalana del queso gracias a la importancia de la Feria de Quesos Artesanos del Pirineo que se celebra, en el mes de octubre, durante la feria de Sant Ermengol.
La Torreta de l’Orri y las vistas infinitas
Desde este mirador natural se puede contemplar buena parte de las cimas de la zona, la llanura de l’Alt Urgell e incluso el Principado de Andorra. El Orri es un punto de enlace natural entre el Pallars y l’Alt Urgell, y su panorámica es una de las más amplias de toda Cataluña. Desde la cima, comienza un largo descenso por pistas forestales que serpentean la cara sur del macizo. Los primeros tramos son suaves y rápidos, mientras que más abajo el terreno se vuelve más pedregoso y técnico en algunos puntos, siempre rodeado de bosques de pino negro, abedules y robles.
Un paseo por Tortosa
En las cercanías del Delta de l’Ebre podemos hacer otras atractivas visitas. Es un territorio con muestras muy antiguas de la presencia humana, como las pinturas rupestres que forman parte del arco mediterráneo declarado Patrimonio de la Humanidad, o los olivos milenarios, ambos testimonios entre Ulldecona y La Sénia. En la parte más cercana al mar, Sant Carles de la Ràpita dispone de un amplio abanico de actividades náuticas y las playas naturales del delta son una invitación a la relajación y el descanso. No obstante, nosotros optamos por seguir ruta hasta la monumental Tortosa, integrante de la marca Ciudad y Villa con Carácter; el castillo, la catedral y los restos de la judería bien lo merecen. En el Mercado Municipal modernista encontramos productos típicos de Terres de l’Ebre y algunas barras donde degustarlos. Salimos de allí con una bolsa de los tradicionales pastissets de cabello de ángel.
Naturaleza a mordiscos
En los alrededores de El Montseny podemos elegir entre varias actividades para conectar gastronomía y naturaleza, como el paseo por el bosque entre castaños centenarios, especialmente recomendable en otoño, o la cata de cervezas elaboradas con las aguas de este parque natural. En la cercana sierra de Les Guilleries probamos productos locales como queso, nueces o frutos rojos entre el susurro del agua y el canto de los pájaros. El Museu de la Pagesia de Fogars de la Selva nos acaba de conectar con los días en que la actividad agrícola predominaba en estas tierras.
El Parque del Foix
Dentro del parque afrontamos una subida de menos de kilómetro y medio pero muy intensa, con curvas que ofrecen vistas espectaculares del Mediterráneo. En la parte alta iniciamos un rápido descenso de grava que nos lleva al Pantà de Foix, un entorno tranquilo rodeado de bosque mediterráneo y viñedos. El embalse, construido en el siglo XIX, es hoy un punto clave de biodiversidad, presidido por el castillo de Castellet, que domina el valle desde un cerro. Rodeamos el embalse por una pequeña carretera antes de encarar los últimos 15 km de la etapa.
El Castillo de Cardona
En Cardona pasamos junto a su imponente castillo, que se alza sobre la ciudad y domina la vista desde lejos. A sus pies, la Montaña de Sal, que puede visitarse, recuerda la importancia histórica de la explotación minera que ha marcado el carácter de la zona. Una corta pero intensa subida nos conduce hasta una pista que inicia un suave descenso hacia Valls de Torroella. El camino se vuelve más sombreado, adentrándose en un bosque que refresca el ambiente y aporta una sensación de aislamiento. Las pistas son cómodas y, en general, la ruta desciende hacia Súria
Un buen maridaje
Modernismo y chocolate, no se nos ocurre una mejor manera de empezar. Tras partir desde un hotel modernista con encanto, visitamos dos tiendas: la de una marca de chocolate creada a finales del siglo xix que nos transporta hasta la infancia en cada bocado, y una vanguardista, un derroche de imaginación en cada bombón. El recorrido termina con una taza de chocolate entre las grandes obras del modernismo del paseo de Gracia. Como sabemos que una de las mejores formas de tomarle el pulso a una ciudad es visitando sus mercados, en nuestra siguiente actividad paseamos por el de Santa Caterina, uno de los 39 mercados municipales de la ciudad, para escoger los productos que utilizaremos en un taller de cocina de arroces marineros.
Sant Pere de Rodes
Conducimos a través de los viñedos de la D.O. Empordà, que se extienden desde las montañas de los Pirineos hasta las playas del Mediterráneo, para llegar al monasterio de Sant Pere de Rodes. La guía nos cuenta simpáticas anécdotas sobre el cultivo del vino por parte de los monjes mientras visitamos la iglesia, los dos claustros y la bodega. Acabamos la visita en el mirador del bar, con vistas de pájaro sobre el Port de la Selva y una degustación de ese vino tocado por la Tramuntana. Por las hermosas carreteras que cruzan el Parque Natural del Cap de Creus llegamos hasta la casa de Dalí en Portlligat, enclavada entre un blanco caserío al pie de una cala donde descansan pequeñas barcas de pescadores. Esta casa, que Dalí convirtió en taller, fue punto de encuentro de numerosos artistas e intelectuales de su época, como sus amigos el cineasta Buñuel y el poeta García Lorca. Decidimos parar a comer en Cadaqués, uno de esos pueblos de postal perfecta del litoral catalán. Su casco antiguo de estrechas y ascendentes callejuelas es una invitación al paseo calmado con el rumor del mar como compañía.
Buena vida en Tarragona
En la puerta de la Catedral me espera el guía que me va a llevar por los diferentes espacios: nave, claustro y ascenso al campanario, una visita con más intrigas, traiciones, luchas, pactos y secretos que la mejor de las series. Al caer la noche, con todo el patrimonio romano iluminado, cojo mesa en un restaurante con poco más de media docena de mesas y la cocina abierta, donde me dejo recomendar por unos jóvenes cocineros muy comprometidos con la cocina de productos de cercanía, en la que no faltan los buenos pescados que llegan directos de la Lonja de Tarragona y los vinos naturales.
De las lagunas del Delta al río Ebro
La ruta nos lleva hasta la Casa de Fusta, uno de los emblemas del Delta y actual centro de interpretación del parque. Desde aquí tomamos un itinerario que recorre el perímetro de la Laguna de la Encanyissada, uno de los espacios más icónicos y fotogénicos del territorio. El paisaje es totalmente llano, con horizontes amplios y una luz especial que cambia a lo largo del día. Continuamos por las pistas infinitas rodeadas de campos hasta llegar a Amposta, donde tomamos la pista del Canal de l’Esquerra de l’Ebre, que nos guía en paralelo en dirección a Tortosa, y más adelante seguimos un tramo del Camino Natural de la Vía Verde de la Val de Zafán para llegar al final de la etapa, Tortosa, una ciudad llena de historia y punto de enlace entre la llanura deltáica y las montañas del Parque Natural de Els Ports, donde podremos ver su imponente Catedral de Santa Maria. Una jornada para recordar, donde naturaleza y calma son absolutas protagonistas.
De Figueres a Vilamaniscle por el macizo de la Albera
Salimos de Figueres por caminos llanos que atraviesan la llanura agrícola, pasando por Peralada y sus campos de viña. A partir de Delfià, el relieve empieza a ganar altura y entramos en el macizo de la Albera por pistas de gravel. Las pendientes se intensifican progresivamente hasta Vilamaniscle, donde el paisaje cambia completamente: las pistas se elevan entre piedra seca y olivos, con las primeras vistas del golfo de Roses y del Cap de Creus al fondo. El terreno es pedregoso, típico de la zona, y en algunos puntos algo técnico, pero el entorno y las panorámicas hacen que cada pedalada valga la pena.
Del mar al plato
El deseo de conocer mejor el pescado del Mediterráneo nos lleva a hacer una ruta por el muelle de la Barceloneta con un pescador, que nos va contando anécdotas de su oficio y nos muestra la subasta en la lonja. El resto de la tarde la dedicamos a la visita guiada por establecimientos emblemáticos, como las tradicionales tiendas de ultramarinos, donde compramos productos tradicionales de la gastronomía catalana. Para la cena hemos reservado mesa en uno de los restaurantes con estrellas Michelin de Barcelona —hay más de cincuenta por toda Cataluña—, donde nos sorprende la excelente relación calidad-precio del menú degustación y el predominio de los productos frescos y de proximidad.
Saliendo de la capital condal
Partimos desde Plaza Catalunya siguiendo los carriles bici de la Gran Via, rodeados por los imponentes edificios modernistas de Barcelona, como la Casa Calvet, una de las obras más conservadoras de Gaudí. El paisaje urbano empieza a transformarse al tomar la Calle de Trullols, una subida constante pero moderada que nos conduce hacia la Carretera de les Aigües de Collserola. A medida que ganamos altitud, las vistas se amplían: por un lado, el skyline de la ciudad con la Sagrada Familia destacando; por el otro, los primeros bosques del parque natural. La Carretera de les Aigües ofrece una perspectiva única de la ciudad desde las alturas, como si fuera un balcón, con el mar Mediterráneo como telón de fondo en los días despejados.
Entre olivos hasta el mar
Dejamos atrás Reus en dirección a Riudoms por pistas de gravel suaves y anchas que atraviesan un mosaico de campos de olivos y almendros. El ambiente se vuelve más tranquilo y el terreno desciende progresivamente y de forma suave, hasta llegar a Cambrils, donde el mar Mediterráneo aparece frente a nosotros. A partir de aquí seguimos el paseo marítimo por el carril bici, un tramo tranquilo, llano y en el que disfrutamos de las impresionantes vistas que nos regala la Costa Daurada.
Degustación de ostras
En el puerto de L’Ampolla nos espera una embarcación para navegar por la bahía del Fangar y hacer una degustación de mejillones y ostras de la manera más fresca posible, recién sacados de las mejilloneras donde se cultivan. Para pasar la noche escogemos una antigua barraca, la casa tradicional de los arrozales, reacondicionada como alojamiento. Al atardecer, con una copa de vino de la garnacha blanca que tan buenos resultados da en la Terra Alta y los campos de arroz inundados como espejo, disfrutamos de una de las mejores puestas de sol que hemos visto.
De L’Ametlla a las puertas del Delta
Salimos de L'Ametlla de Mar por su puerto, siguiendo la carretera del puerto y después el Camí Vell de L'Ampolla, una carretera estrecha que bordea la costa y se acerca al mar en varios puntos, regalando vistas espectaculares del Mediterráneo. El itinerario pasa por calas y tramos costeros hasta llegar a L'Ampolla, donde la ruta se transforma. Tomamos el paseo del Arenal, y de repente, el paisaje se abre. Ante nosotros comienza el Delta del Ebro, con los primeros campos de arroz, lagunas y la inconfundible sensación de infinito. Una transición perfecta entre la costa abrupta y la llanura deltaica.
De compras por Olot
Nos reencontramos todos en Olot. Una visita guiada por el mercado y las tiendas centenarias del centro nos ayuda a familiarizarnos con las delicias por las que es conocida la comarca, las legumbres, que compramos a granel; los embutidos, chocolates y la ratafía, uno de los licores catalanes más estimados. Hacemos coincidir la hora de la comida con la visita a Santa Pau, otro de los Pueblos con Encanto, para probar las mongetes o fesols más famosas de Catalunya. Si se busca el contacto con la naturaleza una buena opción es ir a pasear por la Fageda d'en Jordà, un hayedo que creció sobre el campo de lava del volcán Croscat y que se puede recorrer a pie o en un carruaje tirado por caballos. Joan Maragall dedicó un poema a este hermoso paraje: Li agafa un dolç oblit de tot lo món, en el silenci d’aquell lloc profond (Le entra un profundo olvido de todo el mundo, en el silencio de aquel lugar profundo).
De les Guilleries al pantano de Sau terminando en Vic
Salimos de Rupit por una carretera secundaria que se adentra en el Espai Natural de les Guilleries-Savassona. El camino desciende de forma constante hasta el pantano de Sau, un embalse emblemático del río Ter, conocido por las ruinas del campanario del antiguo pueblo que emergen cuando baja el nivel del agua. Cruzamos la presa y continuamos por una carretera que rodea el embalse, pero rodeada de bosques densos que impiden ver el agua. Dejamos atrás el pantano y seguimos en dirección a Tavèrnoles, donde tomamos una pista que, entre campos de cultivo y masías, nos lleva hasta Roda de Ter y, finalmente, a Vic, capital de Osona, con su centro histórico porticado como punto final de la etapa.
Descenso hacia el Vallès: de Santa Fe a Sant Celoni
Superado el punto más alto, comienza una larga y espectacular bajada. Los primeros kilómetros transcurren por la zona de Santa Fe del Montseny, entre túneles naturales de árboles altos y sombríos. Más abajo, la carretera se abre y las curvas se multiplican; es un descenso rápido, divertido y con el asfalto en excelente estado. Desde varios miradores se puede ver la llanura del Vallès y la sierra litoral al fondo. A medida que perdemos altura, la temperatura sube y la vegetación cambia, dando paso a pinos y encinares mediterráneos. Un último tramo por pista, ya de bajada suave, nos lleva hasta Sant Celoni, pueblo con calles llenas de historia, iglesias barrocas y encanto medieval, donde finaliza la etapa.
Kayak fluvial
Desde que llegamos a Terres de l’Ebre hemos tenido la compañía del río Ebro, había llegado el momento de meternos en el agua para recorrer uno de sus tramos en kayak. El sonido del remo y el canto de las aves son la banda sonora de un trayecto tranquilo que nos lleva hasta la espectacular población de Miravet, con sus casas y el castillo templario asomándose al río. En la localidad, además de visitar el castillo, podemos participar en un taller de cerámica para conocer su tradición alfarera. Tras la navegación, ponemos rumbo al Priorat. Entre las localidades de Móra d’Ebre y Móra la Nova hacemos un pequeño desvío, apenas diez minutos, para subir al poblado ibérico de Castellet de Banyoles, desde donde se divisa un meandro del Ebro y las huertas de la Ribera d’Ebre. La vista es especialmente hermosa durante los meses de floración de los árboles. La explosión de color comienza a principios de febrero con los almendros y se extiende hasta abril con cerezos y melocotoneros.
El Valle del Corb y los pueblos de L’Urgell
Tras el collado comienza un largo descenso que nos lleva hacia el Valle del Corb. La ruta baja por carreteras secundarias y pistas de tierra compacta, atravesando paisajes rurales abiertos y silenciosos. Los campos de trigo, cebada y almendros se alternan con pequeños pueblos como Vallbona de les Monges, con su monasterio cistercense, Maldà, Belianes y Bellpuig, que conservan su encanto agrícola y tranquilo. Las pistas aquí son anchas y agradables, perfectas para mantener un ritmo constante, con el viento y los olores del campo como compañeros de viaje.
La inspiración de Bécquer
Hoy salimos sin prisas en dirección a la comarca de La Cerdanya, con sus 17 municipios situados por encima de los mil metros de altitud. Paramos a desayunar en Bellver de Cerdanya, que antes de ser villa fue uno de los castillos en la línea de fortificaciones que controlaban el paso entre los condados de Conflent y Urgell. Pan recién hecho untado con mantequilla y mermelada casera nos dan alas para recorrer el centro medieval de la localidad —en una de sus casas Gustavo Adolfo Bécquer escribió la leyenda La Cruz del Diablo— y acercarnos a pie hasta la vecina iglesia de Santa María de Talló, uno de los puntos importantes del Camino de Santiago por tierras catalanas.
El pulmón verde de Collserola
Al dejar la carretera principal, nos adentramos en la red de caminos que cruzan el parque. Los anchos senderos de tierra compactada serpentean entre bosques de pinos y encinas, pasando por pequeños núcleos rurales como Sant Bartomeu de la Quadra. Las masías centenarias que aparecen en el paisaje son testigos mudos de la historia rural de estas montañas. El recorrido alterna tramos abiertos con amplias vistas y zonas más frondosas donde la luz se filtra entre las hojas creando juegos de sombras. El descenso hacia Rubí transcurre por pistas forestales bien conservadas, con algún tramo más estrecho pero sin dificultades técnicas destacables.
De Mataró al Vallès Oriental
Cruzamos Mataró y seguimos hacia Argentona, donde dejamos atrás la costa para volver a ascender la Serra Litoral. Subimos parcialmente el Coll de Parpers por carretera y luego tomamos una pista forestal que atraviesa el macizo en dirección al Vallès. El terreno alterna tramos de sauló con zonas boscosas y abiertas, hasta comenzar la bajada hacia Cardedeu, villa con un rico pasado agrícola y modernista, donde todavía se conservan masías y edificios de estilo noucentista rodeados de campos y plataneros. Ya en la llanura, el paisaje se vuelve rural y agrícola: pistas entre campos de cereales, torrentes y masías, con la Riera de Cànoves y el Torrent del Pla como compañeros de ruta. Los últimos kilómetros son de subida progresiva y suave hasta llegar a L’Ametlla del Vallès, final de etapa entre campos y bosques, con vistas a la llanura del Vallès.
El paso hacia el Parque Natural de Collserola
El camino se mantiene irregular, con tramos de subida y bajada constantes, hasta que el relieve empieza a descender hacia el sur. Avanzamos paralelos a la riera de Santiga, entre zonas agrícolas y pequeños bosques, y más adelante seguimos un tramo del río Ripoll por una vía ciclista señalizada. Pasamos por Ripollet y Cerdanyola del Vallès, donde el paisaje ya muestra la transición entre la llanura y la montaña. A partir de aquí, la ruta se adentra en el Parque Natural de Collserola, una auténtica frontera verde entre la ciudad y la zona industrial del área metropolitana. La pista es ancha y cómoda, pero con rampas exigentes que ascienden a la montaña de Collserola.
Dirección a Montblanc
La ruta continúa hacia Montblanc pasando por Prades, otro Pueblo con Encanto. La localidad, rodeada de un entorno natural de gran valor, es también conocida como la Villa Roja por el característico color de la piedra de muchas de sus edificaciones. Tomando un pequeño desvío, apenas siete kilómetros desde Prades, podemos visitar Capafonts, donde realizan una interesante actividad que consiste en hacer de pastor por algunas horas y aprender a elaborar queso.
El Estany d’Ivars i Vila-sana
A partir de Bellpuig, la ruta se adentra en un paisaje totalmente llano y agrícola hasta llegar al Estany d’Ivars i Vila-sana, un espacio natural recuperado que es hoy uno de los humedales más importantes del interior de Cataluña. El recorrido que rodea el estanque es tranquilo y exclusivo para peatones y ciclistas, donde se pueden observar más de 200 especies diferentes de aves y disfrutar de la calma del entorno. Después de completar la media vuelta, dejamos atrás el estanque y tomamos el Camí de Vila-sana hasta Mollerussa, final de la etapa, donde el paisaje es ya plenamente el de la llanura leridana.
De Sant Joan de les Abadesses a Camprodon
Salimos de Sant Joan de les Abadesses siguiendo la Vía Verde del Ferro i del Carbó hasta Sant Pau de Segúries, un tramo muy suave y agradable que sigue el curso del río Ter entre bosques y prados. Después de la vía verde, continuamos por carreteras secundarias hasta Camprodon, uno de los pueblos más emblemáticos de la zona. Su puente románico sobre el río Ter, la calle Mayor y las casas de piedra reflejadas en el río crean un ambiente acogedor y auténtico.
De Puigcerdà a la Collada de Toses
Salimos de Puigcerdà, capital histórica de la Cerdanya, pedaleando por los primeros kilómetros llanos del valle, entre prados y masías, hasta llegar a Urtx, donde comienza el ascenso a la Collada de Toses. La carretera, serpenteante y tranquila, sube suavemente durante más de 20 kilómetros, con una pendiente regular y agradable. Los primeros tramos ofrecen vistas abiertas sobre la llanura ceretana, mientras que, más arriba, el camino se adentra en bosques densos de abetos y pino negro. De vez en cuando, el bosque se abre y permite ver las montañas de La Molina en el horizonte.
Embutidos de Vic
Nuestra siguiente parada es Vic. Su Plaza Mayor es una de las más emblemáticas de las comarcas catalanas, una monumental plaza porticada que siempre está más animada durante la celebración del mercado semanal. Tras la visita guiada a la ciudad, en la que vemos un destacado Templo Romano, la Catedral y las calles que formaron parte de la judería, entramos en un centenario secadero para probar los famosos embutidos de Vic, la llonganissa y el fuet. Dedicamos la tarde a conocer las leyendas de brujas y bandoleros en el Espai Montseny de Viladrau, un centro de interpretación sobre el Parque Natural de El Montseny, y a hacer senderismo por una ruta circular que recorre el corazón del macizo. En esta Reserva de la Biosfera se suceden los paisajes con bosques de hayas, abetos y robles; podemos encontrar secuoyas como las de Can Casades, o ver la vegetación de ribera junto a los ríos que cruzan el parque. Las vistas que se tienen desde cualquiera de las emblemáticas cimas del Montseny merecen suficientemente la pena como para plantearse su ascenso si se dispone del tiempo necesario. Sin duda, hay que regresar en otoño cuando las hojas forman un precioso tapiz en el sotobosque y Viladrau celebra la Feria de la Castaña.
Camino de Ronda
De la misma localidad, en dirección sur, sale un precioso tramo del camino de ronda que vamos siguiendo para encontrarnos con algunos de los rincones mejor conservados del litoral catalán. El itinerario, de baja dificultad, sigue el trazado del GR-92 y nos permite acceder a preciosas calas de roca rojiza y agua cristalina. Seguimos hasta la cercana localidad de El Perelló, donde nos vestimos con ropa de apicultor para entrar en el complejo mundo de las colmenas en las que las abejas producen miel de alta calidad, y participamos en un taller de elaboración de repostería con miel.
De Olot a la Fageda d’en Jordà
Salimos de Olot, ciudad rodeada de volcanes y capital de la Garrotxa, entre campos y huertos hasta llegar a la Fageda d’en Jordà, uno de los bosques más mágicos del país. El haya crece aquí sobre un suelo ondulado formado por la lava de los volcanes de la zona, creando un relieve lleno de “tossols” y formas irregulares. El silencio, la luz filtrada y el olor a tierra húmeda convierten este tramo en una experiencia única dentro del recorrido.
Cocina marinera en Cambrils
El privilegiado clima de este litoral tan diverso, con playas que van desde las de fina arena hasta hermosos roquedales con el agua turquesa, invita a pasar la tarde navegando en el catamarán que sale desde la estación náutica de Cambrils. Desde el mar vemos el perfil de Salou, un destino con excelentes playas, y las vertiginosas montañas rusas de PortAventura World, a las que prometemos subir cuando volvamos con los más pequeños de la familia. Dado que estamos en Cambrils, la capital gastronómica de la Costa Daurada, no podemos irnos sin probar el delicioso suquet de romesco, uno de los pilares de la cocina marinera de la localidad.
Rodeando el macizo de Montserrat
El trazado continúa por una estrecha carretera que, al acercarse a la montaña, aumenta la sensación de estar dentro del macizo. Subimos suavemente hasta enlazar con la carretera principal, a los pies de Montserrat, e iniciamos un descenso que bordea buena parte de la montaña para adentrarnos en el pequeño espacio natural de Roques Blanques. El camino alterna tierra compacta con tramos pedregosos, en un paisaje agreste que contrasta con los viñedos que nos esperan más abajo.
De la Alta Garrotxa a Olot por Oix y Castellfollit de la Roca
Pasado Beget, comienza el ascenso al Coll de Pera (802 m), una subida corta pero exigente en algunos puntos. El puerto atraviesa el Espacio Natural protegido de la Alta Garrotxa, siempre rodeado de bosques húmedos típicos de la zona. Coronar el collado da paso a una larga bajada que nos conduce a Oix y después a Castellfollit de la Roca, donde entramos en el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa y donde las casas de piedra se alzan sobre la cinglera basáltica. Los últimos kilómetros pasan por Sant Joan les Fonts y La Canya, siguiendo carreteras que atraviesan estos pueblos hasta llegar a Olot, punto final de la etapa.
Pistas junto al Riu Negre
Salimos de Solsona con un inicio amable, siguiendo durante 15 kilómetros una pista paralela al Riu Negre, con algún tramo asfaltado que rompe la continuidad del camino de tierra. El río acompaña con su curso tranquilo mientras el paisaje se mantiene verde y salpicado de masías. Esta primera parte sirve para entrar en ritmo y disfrutar de la ruta sin grandes desniveles hasta llegar al Eix del Cardener, puerta de entrada a Cardona.
Barrio Gótico
Vuelvo a las vistas al mar, subiendo al mirador de Colón en el ascensor instalado en el interior de la columna del monumento. La visita se complementa, una vez de vuelta a pie de calle, con una degustación de cuatro vinos de denominaciones de origen catalanas: Alella, Pla de Bages, Catalunya y Penedès. Con el encendido de las primeras luces artificiales da inicio el recorrido nocturno por Ciutat Vella y el barrio Gótico, visitando Santa María del Pi, la Catedral y coquetas plazas como la de Sant Felip Neri, un lugar que nos habla de la Barcelona de los gremios y que todavía muestra las trágicas huellas de la Guerra Civil en alguna de sus paredes.
Hacia el corazón del Penedès
Las anchas pistas de bajada nos conducen hasta la Via blava Anoia, un camino llano que desciende hasta el río. Aquí el paisaje cambia por completo: aparecen los primeros viñedos del Penedès, extendiéndose hasta donde alcanza la vista. La ruta llega a su punto final en Sant Sadurní d’Anoia, por pistas de gravel entre hileras de viñas perfectamente alineadas.
Entre pistas y monasterios
Tras cruzar el Pla de Manlleu, dejamos el asfalto y tomamos el Camí de la Coma, una pista que serpentea entre bosques y campos hasta el Coll de l’Arboçar. Recuperamos la carretera e iniciamos el descenso hacia el río Gaià, donde el paisaje se vuelve más fresco y sombreado. Aquí nos espera uno de los grandes atractivos del día: el paso junto al Monestir de Santes Creus, joya de la ruta del Císter y símbolo histórico del territorio. La ruta continúa hacia Aiguamúrcia, Vila-rodona y Bràfim, en un descenso progresivo que alterna pueblos y campos de cultivo.
Cocina catalana
Continuamos con un taller para aprender la técnica del trencadís, uno de los recursos ornamentales característicos del modernismo. Con unas herramientas básicas y pedacitos de cerámica y vidrio salimos de allí con nuestra propia pieza y grandes ideas para reciclar viejos materiales de construcción. En otro edificio modernista, en el Passeig de Gràcia, asistimos a un taller de cocina donde aprendemos a preparar platos como la esqueixada, una típica ensalada con bacalao y tomate entre otros ingredientes, y una deliciosa crema catalana con su capa de azúcar quemado por encima.
Por la Via Verda del Carrilet I hasta la Garrotxa
A partir de Bonmatí nos incorporamos a la Via Verda del Carrilet I, que sigue el antiguo trazado del tren que unía Girona con Olot. El camino, de tierra compactada y bien señalizado, avanza por un entorno natural lleno de encanto, cruzando puentes y pequeños túneles que recuerdan el pasado ferroviario de la línea. A medida que ganamos altura, la vegetación se hace más frondosa y el paisaje más verde, siguiendo el curso del río Brugent y pasando por los pueblos de Sant Feliu de Pallerols y Les Planes d’Hostoles.
Besalú y su herencia medieval
Siguiendo el Fluvià a contracorriente, llegamos a Besalú, una de las villas medievales más emblemáticas del país. Su puente románico sobre el río, el barrio judío, el monasterio de Sant Pere y las calles empedradas forman un conjunto histórico de una belleza excepcional. Cruzamos el puente y, una vez cruzado el río, dejamos la carretera y las pistas empiezan a subir suavemente hacia el Coll de Sacreu (318 m), punto más alto de la etapa.
Del bosque a la costa: atravesando el Maresme
Después del collado comienza una bajada, con fuerte pendiente, hasta llegar a Sant Iscle de Vilalta. Aquí empieza una nueva subida exigente que lleva hasta el Sender dels Miradors, desde donde ya podemos ver el mar brillando en el horizonte. La pista desciende hacia el Maresme, entre bosques y campos, hasta llegar a Canet de Mar, villa costera con una rica tradición modernista y marinera, conocida también por sus talleres de artesanía y por el legado arquitectónico de Domènech i Montaner. Seguimos por caminos rurales que cruzan pequeños torrentes hasta Arenys de Munt, donde enlazamos con la carretera del Coll del Pollastre (267 m). Es una subida corta pero llena de curvas y buenas vistas sobre la costa, que culmina con un descenso rápido hasta Mataró, capital del Maresme, antigua ciudad romana y hoy un núcleo vivo y con rico patrimonio modernista, como la Nau Gaudí, la primera obra de Antoni Gaudí.
Enoturismo en El Priorat
La comarca de El Priorat ofrece un sinfín de propuestas para conocer los vinos de las D. O. Montsant y D. O. C. Priorat, algunas tan originales como una visita a una bodega a través de enigmas o la vendimia a la antigua, con el pisado de la uva tal como se hacía tradicionalmente. Hemos reservado una visita teatralizada en la cooperativa de Falset, en la que un supuesto trabajador nos explica el proceso de elaboración del vino en clave de humor. Los pueblos de El Priorat, esta pequeña comarca de viticultura heroica, están conectados por algunas de las carreteras más bonitas de Cataluña, con los viñedos en terraza. Una de ellas nos lleva hasta la cartuja de Escaladei, habitada hasta mediados del siglo xix; la presencia de monjes en esas tierras fue clave para el auge del cultivo de la viña.
La belleza del románico
La tarde es para el románico de la Vall de Boí, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Una familia feudal, los Erill, trajo al valle a los picapedreros, maestros de obra y artesanos, que en pocas décadas levantaron ocho iglesias y una ermita. En Taüll, Pueblo con Encanto, encontramos la quintaesencia de ese arte románico, Sant Climent y Santa María, ambas iglesias consagradas en el año 1.123 con tan solo un día de diferencia. En Sant Climent, un video mapping da vida a los frescos del ábside mayor y el presbiterio. Hacemos una parada en Erill la Vall para visitar el Centro del Románico de la Vall de Boí y la iglesia de Santa Eulàlia que, con su torre lombarda de seis plantas, está considerada la más esbelta de todo el valle. Continuamos el viaje hacia el norte para llegar a otro de los grandes valles pirenaicos: la Val d’Aran.
Bages
Paso la tarde con varias visitas: las tinas de la Vall del Montcau, unas enormes construcciones de piedra seca en las que se elaboraba el vino a pie de viña cuando la comarca del Bages fue una de las mayores productoras de Catalunya; la localidad de Mura, Pueblo con Encanto que conserva un espectacular núcleo medieval entre sus calles de empedrado y un interesante molino con más de mil años de historia; y el cercano monasterio de Sant Benet de Bages, un conjunto monástico medieval en excelente estado de conservación en el que cuentan cómo se desarrolló la vida monástica entre las paredes de la iglesia, el claustro y las celdas. El complejo ha incorporado un moderno e innovador centro de investigación culinaria, la fundación Alícia, que promueve las bondades de la alimentación saludable; tres restaurantes y una tienda de productos agroalimentarios ecológicos.
Continúo la ruta hacia los alrededores de Solsona, en la provincia de Lleida, donde he reservado noche en una antigua masía situada en la Vall de Lord.
La pista de Espot a Llessui, un balcón sobre el Pallars
Desde el collado, la pista continúa casi plana, serpenteando el lomo de la montaña desde donde siempre se puede apreciar todo el valle. El paisaje es abierto y pastoral: prados inmensos, rebaños de ovejas, vacas y caballos pastando libremente, y barrancos que se deslizan hasta el fondo del valle. No hay árboles, solo una sucesión de pendientes fuertes y verdes que transmiten una sensación de espacio infinito. En algunos tramos la pista baja ligeramente y después vuelve a subir, siempre con vistas de los valles a la izquierda y de las montañas a la derecha. Es un tramo perfecto para disfrutar pedaleando sin prisa, rodeado solo de naturaleza y tranquilidad.
Tierras del Císter
Empiezo la mañana en la ribera del río Gaià, ante la puerta de Santes Creus, uno de los grandes monasterios catalanes. Al contrario que los otros dos monasterios de la Ruta del Císter, hoy habitados de nuevo, Santes Creus quedó despoblado tras la desamortización de Mendizábal. Fue el lugar de reposo escogido por dos reyes catalanes, en su interior podemos ver los impresionantes sepulcros reales y un notable conjunto de vidrieras.
En la cercana localidad de Cabra del Camp realizo una actividad de marcha nórdica entre viñedos y campos de cereal. La suave brisa que mece los cultivos y la agradable temperatura invitan a la introspección, un momento íntimo que me conecta con las bondades del paisaje mediterráneo. La actividad finaliza con la degustación de un vino de la D.O. Tarragona y del aceite de la D.O. P. Siurana.
Arroz al punto
Tras comprar algunos botes de las famosas anchoas de L’Escala, buscamos el postre en una sidrería, donde probamos unas deliciosas manzanas de Girona y algunos productos derivados, como la sidra, los zumos, la compota y el vinagre. En el Espai del Peix de Palamós nos ponemos el delantal para sumarnos al taller de cocina marinera y aprender a cocinar varias recetas, incluyendo alguna con arroz de Pals. Nos explican que también podemos acompañar a una de las barcas que salen a pescar gambas en la villa marinera de Palamós.
Vall de Lord
Aunque Vall de Lord está a una veintena de kilómetros al norte de Solsona, este pequeño desvío en la ruta merece la pena. Al amanecer, las brumas matinales emergen del pantano de la Llosa del Cavall, cuyo entorno paisajístico favorece la práctica de deportes de aventura como la escalada, el barranquismo, el parapente o las rutas en BTT. El juego de las luces que se cuelan entre la niebla deja una docena de impactantes imágenes en la tarjeta de mi cámara de fotos. Cuando el sol ya calienta lo suficiente, alquilo un kayak para remar por esas aguas de color turquesa intenso. Con un último vistazo al paisaje desde uno de los puentes que cruzan el embalse, cojo la hermosa carretera que sigue el desfiladero del río Cardener para llegar hasta Solsona.
Descenso y transición hacia el Gironès
Después del collado, bajamos por el Camí de Caulés en una larga bajada para dejar atrás el macizo y entrar en las tierras más abiertas del Gironès. Cruzamos la autovía por un paso subterráneo y pedaleamos entre campos de cultivo, masías y pequeños bosques de pino y encina. El terreno es suave y llano, ideal para mantener un ritmo constante. Pasamos por Cassà de la Selva y Quart, pueblos tranquilos rodeados de tierras de cultivo, donde ya se respira el ambiente de la llanura gerundense.
Montgarri y el nacimiento de la Noguera Pallaresa
Dejamos el asfalto para tomar la pista forestal que baja suavemente hacia el santuario de Montgarri, uno de los lugares más bellos y emblemáticos del Val d’Aran. La pista va paralela al río Noguera Pallaresa, entre prados verdes y bosques de abetos y abedules. En verano, los pastos se llenan de caballos y vacas, y la sensación de calma es absoluta. El Santuario de Montgarri, reconvertido en refugio, es un punto ideal para hacer una pausa y disfrutar del ambiente de alta montaña. Continuamos descendiendo por la pista hasta adentrarnos en el valle de Bonabé, dejando atrás el Val d’Aran y entrando en el Pallars Sobirà.
Suena la música
Por la carretera que rodea el pantano de Foix cambio de provincia, a la de Tarragona, pero sigo en tierras de la D.O. Penedès. Llego hasta Sant Salvador, uno de los barrios marítimos de El Vendrell, donde está la que fue la casa de veraneo del violoncelista Pau Casals, hoy convertida en museo. A través de objetos personales voy haciendo un recorrido por la vida de este músico universal y el ambiente en el que creó su obra. Pau Casals sostuvo que esa casa era la expresión y síntesis de su vida como catalán y artista. Pienso en la emoción que debía sentir el músico, la misma que siento yo ahora, cada vez que regresaba de un viaje y traspasaba la puerta para toparse directamente con el mar.
ElBulli sigue
A lo largo de numerosas instalaciones, como si de un menú degustación se tratara, elBulli1846 nos invita a conocer la historia de elBulli, con vistas al Parque Natural de Cap de Creus, y a reflexionar sobre gastronomía e innovación. Recorremos los Aiguamolls de l’Empordà en bicicleta eléctrica, contemplando numerosas aves y probando productos como el aceite de la D. O. Empordà. En L’Escala conocemos la vida de los esquenapelats, el mote con el que se conocía a los pescadores del pueblo, a los que se rinde homenaje durante las Fiestas de la Sal. En el Museu de l’Anxova i de la Sal recrean espacios y herramientas de las antiguas fábricas.
Camino a La Garrotxa
Para los amantes del golf, está la opción de visitar el Camiral, A Quinta do Lago Resort, con un campo de golf en un paisaje de gran belleza, pero nosotras optamos por conducir por las carreteras que entran a la Garrotxa por el sur, una comarca marcada por sus paisajes de volcanes y coladas de lava. Nos quedamos a pasar la tarde en Hostalets d’en Bas, uno de los hermosos pueblos de la Vall d’en Bas. Este municipio, que agrupa a varias pequeñas localidades, es la cuna del río Fluvià, cuya desembocadura habíamos cruzado un par de días antes al pasar por la bahía de Roses.
Siguiendo el Cardener hasta Manresa
Llegamos a Súria, donde vale la pena detenerse para visitar su casco antiguo de encanto medieval, y continuamos por una pista paralela al río Cardener que nos lleva hasta Callús. A partir de aquí, la ruta cambia a una carretera secundaria que serpentea entre campos y masías, con el paisaje transformándose poco a poco: los bosques dan paso a zonas más abiertas y urbanizadas. Pasamos por Sant Joan de Vilatorrada y finalmente entramos en Manresa por el Camí de la Joncadella, donde los primeros edificios anuncian la llegada a la capital del Bages y el final de una etapa tranquila pero llena de contrastes.
Del valle del Ebro a los caminos del vino
Salimos de Móra d’Ebre y cruzamos el río para dirigirnos a Móra la Nova. A partir de aquí, la ruta se adentra en una zona de campos y bosques mediterráneos, con olivares, almendros y viñedos que se alternan entre pequeñas colinas y llanuras. Seguimos una pista cómoda, con un constante sube y baja suave, pasando por Darmós y Capçanes, donde el paisaje ya comienza a anunciar el carácter del Priorat. Poco después llegamos al Pantà dels Guiamets, un pequeño embalse rodeado de pinos y viñedos que aporta un punto de calma y frescor antes de la subida final hasta Falset, capital de la comarca y cuna del vino.
Modernismo en el Maresme
Continuamos hasta la Casa-Museo de Domènech i Montaner, uno de los grandes arquitectos modernistas, en Canet de Mar. Es una maravilla ver las maquetas de algunas de sus obras más emblemáticas, como el Palau de la Música o el Hospital de Sant Pau. En uno de los cafés del pueblo probamos las vidrieras modernistas, unas curiosas pastas de té que nacieron a iniciativa de los pasteleros locales. Seguimos hasta Arenys de Mar, la otra Villa Marinera del Maresme. En su puerto pesquero, entre los más importantes de Catalunya, se celebra todas las tardes una pintoresca subasta en la que podemos ver las apreciadas gambas que luego formarán parte de la carta de importantes restaurantes. En Arenys de Mar nos acercamos a una curiosa forma de modernismo, la del cementerio de Sinera, lugar que Salvador Espriu elevó a la categoría de poesía. Si se busca otra perspectiva de la localidad, desde el puerto parten embarcaciones que realizan rutas guiadas por el entorno natural para disfrutar del paisaje, del fondo marino y de las aves pelágicas. También hay la posibilidad de hacer la navegación nocturna, para observar las estrellas y escuchar historias mitológicas.
La historia de los empresarios que hicieron fortuna con la industria textil, como vimos en la visita a las colonias del Ter, se ve reflejada en casas como la Coll i Regàs de Mataró, nuestra siguiente parada. En la capital comarcal también visitamos la Nau Gaudí, la primera obra del arquitecto hoy convertida en museo de arte contemporáneo. Dedicamos una parte de la tarde a ir de compras, sin olvidarnos de algunas cajas de neules, un postre crujiente típico de las fiestas navideñas, tanto de las clásicas como las rellenas de crema catalana y de catanias.
De Montblanc a la Serra del Tallat
Salimos de Montblanc y enseguida tomamos una pista de gravel ancha y progresiva que va ganando altura entre campos de cereales, almendros y olivares. El trazado asciende suavemente hacia la Serra del Tallat, un lugar que combina paisaje agrícola y energía eólica, con las turbinas coronando la cima y ofreciendo vistas panorámicas sobre toda la Conca. El último tramo hasta el collado se realiza por una carretera estrecha, con una pendiente constante pero asequible, el principal desnivel de la etapa. Una ascensión corta pero panorámica, que marca el paso hacia las tierras llanas de Ponent.
De Gósol a Saldes, a los pies del Pedraforca
Salimos de Gósol, un pueblo de montaña con una fuerte identidad pirenaica y una historia vinculada a Picasso, que vivió aquí en 1906. Empezamos descendiendo por la carretera que conduce a Saldes, siempre con el Pedraforca como protagonista. La carretera serpentea por el valle y en varios puntos ofrece vistas espectaculares de este coloso pétreo, con sus dos pollegons, símbolo del Berguedà y de los Pirineos de Cataluña.
Hacia el litoral
Hoy descendemos desde las montañas, pasando por la comarca del Vallès Oriental hasta llegar a las playas de fina arena del litoral del Maresme. Ya en el mar, desde el faro de Calella vemos una parte de esa costa que hoy vamos a recorrer. Empezamos por una de las dos Villas Marineras de la comarca, Sant Pol de Mar, caminando por sus callejuelas hasta llegar a la playa urbana de Les Escaletes, donde sentadas en la arena dejamos que el tiempo pase mientras contemplamos un mar totalmente en calma.
Salida de Terrassa
La ruta comienza en la ciudad de Terrassa. Al dejar atrás el núcleo urbano, tomamos una pista de gravel que nos lleva hasta la Riera de les Arenes, que seguimos hasta llegar a Matadepera, donde empieza el verdadero reto del día: el Coll d’Estenalles. Este puerto clásico de la zona tiene 11 km de longitud con una pendiente media del 3,3% (con algún tramo que alcanza el 9%) y se asciende completamente por carretera hasta los 870 m de altitud. A medida que avanzamos, las siluetas de La Mola y el Montcau se alzan ante nosotros. La vegetación del parque —serbales, bojes y robles— nos acompaña durante toda la subida. Es un puerto agradable, con tramos de rectas largas y otros de curvas cerradas que hacen el ascenso entretenido.
Caviar aranés
La pureza de las aguas procedentes del deshielo ofrece unas condiciones óptimas para la cría del esturión, del que se extrae el caviar de la Val d’Aran. Tras visitar las instalaciones en Les, nos acercamos a Vielha para probar este delicado bocado. Sin salir de la localidad tenemos numerosas opciones para comer, desde la tradicional olla aranesa hasta la cocina internacional y de mercado, siempre rodeados de una naturaleza apabullante.
Descenso hacia Josa de Cadí y Gósol
Desde el collado comienza una bajada de 6 km por pista más ancha y cómoda, llena de curvas y con vistas privilegiadas de Josa de Cadí, que aparece encajado en el valle. El pueblo, con casas de piedra y calles estrechas, es un testimonio vivo del pasado medieval del territorio, vinculado a las leyendas cátaras y al oficio de las trementinaires. Desde Josa tomamos la carretera en dirección a Gósol, un tramo de subida y otro de bajada, rodeados de prados y bosques. El último tramo ofrece una panorámica magnífica del pueblo y de una parte del macizo del Pedraforca, que anuncia la entrada en el Berguedà.
Llegada a Lleida
En el estanque de Ivars i Vila-sana hemos reservado una de las actividades especiales que ofrecen, la del anillamiento de especies. Recorriendo el perímetro del acuífero, en un paseo de poco más de 2,5 kilómetros, vemos cómo se ha recuperado un espacio que llegó a desecarse y hoy resulta de vital importancia para las aves. Llegamos a Lleida cuando empieza a caer la tarde, justo a tiempo para acceder a la visita del conjunto monumental de la Seu Vella y Castillo del Rey. Para la cena nos decantamos por la manera más tradicional de comer los famosos caracoles de Lleida, asados “a la llauna”, sobre una plancha metálica con asas dispuesta directamente sobre las brasas.
Un buen desayuno
El día arranca en Montblanc con un copioso desayuno que nos ofrecen en una bodega.
Pa amb tomàquet y aceite de oliva virgen extra, butifarra blanca y negra, longaniza seca, queso, aceitunas, frutos secos y un poco de vino, forman una apuesta segura para empezar bien la jornada. Montblanc es una localidad con un destacado conjunto amurallado en el que podemos ver torres y portales en buen estado de conservación. Cada año, en el mes de abril, se representa la Leyenda de Sant Jordi dentro del programa de actos de la Semana Medieval.
Catanias de Vilafranca
Si ayer tocó conocer la historia del cava, hoy era turno para el Vinseum de Vilafranca del Penedès, un museo dedicado a las culturas del vino en Catalunya que está ubicado en un antiguo palacete frente a la basílica de Santa María. No resulta fácil decidir entre la gran oferta enogastronómica de las bodegas del Penedès, con diferentes visitas temáticas, actividades y catas. Opto por un maridaje de vinos y quesos, que me ofrece la amplia gama de matices de esos vinos que nacen tan cerca del mar. Antes de dejar Vilafranca del Penedès me acerco a una confitería para comprar un par de cajas de catanias, un dulce típico que se elabora con almendras tostadas, caramelizadas y cubiertas de chocolate.
La fauna pirenaica
Los bosques en esta parte de los Pirineos son el hábitat de marmotas y grandes cérvidos. Cuando llega el otoño, el espectáculo de la berrea de los ciervos pone la banda sonora a esos bosques. A lo largo de nuestra caminata sabemos que los animales están ahí, pero son difíciles de ver, así que por la tarde optamos por visitar Aranpark, en Bossòst, un pueblo de arquitectura típica aranesa. En este parque de fauna, tanto niños como mayores nos asombramos ante la imponente presencia de los osos pardos, los linces y los lobos grises. Para cerrar el día volvemos a Vielha. Si la visita coincide en martes, podemos participar en algo que ya es toda una institución en este valle, el Pintxo Pote. Por el casco antiguo, una ruta lleva de bar en bar para disfrutar de la gastronomía en miniatura.
Subida entre bosques hacia el techo de la etapa
Salimos de Espot y afrontamos una subida de 12 kilómetros con un pequeño descanso a la mitad. Los primeros 3 km transcurren por carretera estrecha y sombría, y después la ruta continúa por pista forestal, rodeada de altos abetos que crean una sensación de aislamiento y calma total. Los últimos metros antes del Coll de la Creu d’Eixol son los más duros, con pendientes pronunciadas, pero la recompensa es inmediata: en la cima, el paisaje se abre y se extiende una panorámica inmensa de prados alpinos inclinados y revelando las sucesivas capas de montañas que se extienden hasta el horizonte, donde se pueden distinguir montañas icónicas como el Pic de l’Orri.
Monasterio de Poblet
Uno de los tramos de la Ruta del Císter, itinerario que une los monasterios de Santes Creus, Poblet y Vallbona de les Monges, lleva de Montblanc a Poblet. Como son apenas diez kilómetros decidimos hacerlos caminando para disfrutar del paisaje de las Montañas de Prades. Al llegar al monasterio cisterciense de Poblet, declarado Patrimonio de la Humanidad, uno de los monjes nos cuenta que al paisaje, además del silencio, le sienta estupendamente el otoño, cuando la tierra da las mejores patatas, castañas y setas.
De Manresa a las puertas de Montserrat
Partimos de Manresa por el Camí de les Pedreres, donde desde las primeras pedaladas ya se distingue a lo lejos la inconfundible silueta de Montserrat. Seguimos por pistas y senderos boscosos que se extienden entre Castellgalí y El Pinyot, en un entorno tranquilo y sombreado. El macizo se vuelve cada vez más cercano e imponente a medida que avanzamos hacia Marganell. Dejamos la pista y tomamos una pequeña carretera que ofrece una de las mejores panorámicas de Montserrat, con sus agujas y paredes verticales perfectamente definidas.
Ascenso entre pistas y panorámicas
Dejamos atrás Navàs, en el corazón del Bages, afrontando una larga subida de 18 kilómetros por una pista de gravel. El desnivel es constante pero suave, permitiendo un pedaleo cómodo mientras el horizonte se abre y las vistas del valle se amplían a medida que ganamos altura. El paisaje alterna campos de cultivo, bosques y antiguas masías dispersas. El silencio de la pista, roto solo por el sonido de los neumáticos sobre la grava, marca un inicio de etapa muy ligado a la esencia del gravel: avanzar sin prisa, pero con la sensación constante de alejarse del ruido.
Ascenso hacia Àger y el Montsec
Después de Vilanova, la ruta desciende por una carretera secundaria que atraviesa Les Avellanes antes de volver a una pista de gravel para afrontar la última subida del día, dirección al Turó de les Torres. La pista es cómoda, con algún tramo más exigente, pero siempre en medio de un entorno abierto y silencioso. A medida que ganamos altura, las vistas se abren sobre la sierra del Montsec, que se alza imponente a la derecha. El último tramo es llano y muy agradable hasta el Mirador d’Àger, punto panorámico privilegiado antes de un breve descenso por carretera que nos deja al final de etapa, el pueblo de Àger.
De les Garrigues a L’Urgell, por tierras de aceite y fruta
Cruzamos Les Borges Blanques, capital de Les Garrigues y reconocida por su larga tradición en la producción de aceite de oliva virgen extra, símbolo de la comarca. Seguimos por pistas de tierra compacta paralelas a la vía del tren hasta llegar a Juneda, siempre rodeados de campos de frutales. Saliendo de Juneda, la ruta conecta con la Sèquia Quarta del Canal d’Urgell, uno de los brazos principales del sistema hidráulico, que distribuye el agua hacia cientos de campos de L'Urgell y el Segrià. Un mosaico agrícola que da forma a la identidad de todo este territorio.
De Tortosa a las puertas del Parque Natural
Salimos de Tortosa siguiendo el Camino Natural de la Vía Verde de la Val de Zafán, una antigua línea ferroviaria reconvertida en vía ciclable que recorre el curso del río Ebro. El trazado es prácticamente llano y muy cómodo, pasando por los pueblos de Aldover y Xerta, donde el río y los campos de huerta marcan el ritmo. Dejamos la Vía Verde y hacemos un pequeño tramo por carretera antes de desviarnos hacia una carretera secundaria en dirección a Paüls, un tramo solitario y agradable que serpentea entre bosques mediterráneos.
Terrazas de viñas a los pies de la Serra del Montsant
En la Vilella Alta dejamos el asfalto y tomamos una pista que atraviesa el corazón del Priorat, una DOQ vinícola muy apreciada, entre viñas escalonadas. La subida es constante pero agradable, con algún tramo más técnico y pedregoso que añade un punto de atención. El entorno es majestuoso. A la derecha, las terrazas de viñas que parecen no terminar nunca y, a la izquierda, se imponen las paredes de piedra del Montsant. El silencio solo se rompe por el sonido de las ruedas sobre la grava y por el viento que baja de la sierra. Volvemos a la carretera para unos kilómetros finales que nos llevan junto al histórico Monestir d’Escaladei, origen de la viticultura prioratina, antes de llegar a Poboleda, un pequeño pueblo de piedra que respira paz y autenticidad.
Entrada en la Vall d’en Bas y final de etapa
El tramo final nos lleva hacia la Garrotxa, siguiendo un desnivel suave hasta el Coll d’en Bas (589 m), punto más alto del recorrido. Desde aquí, una ligera bajada nos introduce en la Vall d’en Bas, una de las zonas agrícolas más fértiles y bonitas de la comarca. Los campos verdes, las masías dispersas, bosques y pueblos con encanto y el perfil de más de cuarenta conos volcánicos anuncian la llegada a Sant Esteve d’en Bas, final de etapa y entrada a la Zona Volcánica de la Garrotxa.
Senderismo en Colomèrs
Decía Camilo José Cela en su Viaje al Pirineo de Lérida que las piernas son las alas del corazón. Caminar por los senderos es una de las mejores formas de conocer el territorio, así que por la tarde, desde Salardú, emprendemos una caminata para visitar una maravilla de la naturaleza: la mayor zona lacustre de los Pirineos, el Circo de Colomèrs, situado en el área de influencia del Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. La ruta completa abarca siete lagos glaciares, pero nosotros no somos tan ambiciosos y solo subimos hasta el refugio. A lo largo del camino nos topamos con dos lagos, varios riachuelos, puentes y formaciones rocosas de toda índole. Ya en el refugio nos sentamos con un café en la mano para disfrutar de las vistas del Estany de Colomèrs y las cumbres de las montañas circundantes que en él se reflejan. La paz era esto. Desde el refugio se pueden iniciar un par de itinerarios circulares, uno corto y otro largo, para enlazar los diferentes lagos. Acabamos el día con una olha aranesa, una contundente y sabrosa sopa típica de la gastronomía del valle, que nos ayuda a cargar de nuevo las pilas.
El ascenso al Coll de Pal (2.106 m)
Salimos de Bagà y, casi sin transición, comenzamos el ascenso al Coll de Pal, una carretera mítica del ciclismo catalán con 20 km y 1.338 m de desnivel positivo. Los primeros kilómetros transcurren entre bosques densos, con tramos sombríos y rectas que serpentean por la montaña. Después, el paisaje se abre y las vistas se amplían: se distinguen las líneas sucesivas de montañas del Cadí-Moixeró. Pasamos por el Mirador de la Devesa, desde donde se pueden ver el Pedraforca, la Serra d’Ensija, el Verd y, en días claros, incluso Montserrat. La vegetación cambia a medida que ganamos altitud: el bosque de pino negro da paso a los prados alpinos que anuncian la proximidad del collado. En el Coll de Pal (2.106 m), la vista se extiende hacia todos los Pirineos orientales y la gran llanura ceretana.
Más que vino
Tras seguir la Ruta Miravinya, que nos lleva hasta cinco miradores, tenemos distintas opciones, como conocer la Ruta del Xató, ensalada tradicional catalana, o ir a probar los vinos de malvasía de Sitges, en Costa Barcelona, pero seguimos la Ruta del Vino del Penedès con la idea de hacer dos actividades: oleoturismo para probar el aceite de oliva virgen extra (AOVE) en La Bisbal del Penedès y una cata en El Vendrell de los vinagres que se han servido, durante más de una década, en la gala de entrega de los Premios Nobel. El día finaliza dando un paseo en un carro de payés que parte desde la bodega modernista de Nulles, ya en la Ruta del Vino de la D. O. Tarragona.
Vía Verde
Desde Horta de Sant Joan accedemos a la Vía Verde de la Val de Zafán, un itinerario cicloturista, con muy poco desnivel, que permite llegar hasta Sant Carles de la Ràpita, en su trazado original, o hasta el delta si en Tortosa conectamos con el GR-99. Esta variante permite disfrutar del cambiante paisaje de las Terres de l’Ebre, desde el macizo del Parque Natural de Els Ports, en la parte norte, pasando por el cauce del río Canaletes y espectaculares viaductos, hasta llegar a las planicies del delta y la costa. La facilidad del servicio de alquiler de bicicletas con recogida en un punto acordado nos lleva a decidir pedalear por uno de los tramos de la Vía Verde, en dirección a Bot. Al llegar a esta pequeña localidad hacemos una parada en un antiguo ferrobús de origen alemán reconvertido en bar.
De los Aiguamolls de l’Empordà a Sant Pere Pescador
Salimos de Castelló d’Empúries pedaleando y cruzando el Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, una de las zonas húmedas más importantes de Cataluña. Las pistas son anchas y perfectas para rodar entre campos de cultivo y prados inundables habitados por garzas reales, flamencos y ánades reales. El paisaje es abierto y horizontal, con el mar cerca y los Pirineos al fondo. Después de cruzar el río Fluvià, llegamos a Sant Pere Pescador, pueblo marcado por el viento y el río que serpentea hasta el Mediterráneo.
De Port de la Selva a Cadaqués por el corazón del Cap de Creus
Salimos de Port de la Selva bordeando el puerto y la bahía hasta la Punta de la Creu, donde el camino se eleva con fuerza por pistas pedregosas que ganan altura rápidamente. Las primeras vistas ya son espectaculares. Nos adentramos en una zona con una vegetación baja y resistente, y con rocas modeladas por el viento de tramontana. Las pistas, típicas del terreno granítico del parque, alternan tramos de subida y de bajada hasta que el mar vuelve a aparecer, ahora más lejano, y nos conduce hacia Cadaqués, uno de los pueblos más icónicos de la zona: casas blancas, callejuelas empedradas y la luz inconfundible que cautivó a Dalí. A pesar de su aire tranquilo, conserva una energía viva y marinera, rodeada por un paisaje único donde la roca, el mar y la tramontana se entrelazan.
Vallbona de les Monges
No tenemos mucha más compañía en la siguiente parada, tan solo las pocas monjas que siguen habitando el monasterio de Vallbona de les Monges. Nos explican durante la visita que el hecho de que esté rodeado del pueblo, no como los otros dos con los que comparte la Ruta del Císter, responde a las concesiones que tuvo que hacer la abadesa para saltarse la prohibición, impuesta por el Concilio de Trento, de que hubiera monasterios femeninos en paisajes aislados. Tras ver los espacios más destacados, como el claustro y la tienda de recuerdos donde las monjas venden las reproducciones que hacen de la cerámica antigua del monasterio, seguimos la ruta hacia el estanque de Ivars i Vila-sana pasando antes por Belianes, Arbeca y Les Borges Blanques, tierras donde se producen los excelentes aceites de la D. O. P. Les Garrigues.
Paseo por el bosque
En Senterada recorremos el bosque de la mano de un guía botánico. Entre leyendas y tradiciones, nos va enseñando a reconocer hierbas, setas y a elaborar diferentes recetas, como las conservas. El valle de Àssua es el lugar ideal para conocer el trabajo de los pastores, acompañando a uno de ellos con el rebaño o visitando un ecomuseo que muestra las singularidades de este oficio. El final de etapa es el valle de Boí: en las montañas del románico Patrimonio de la Humanidad pasta la ternera ecológica de los Pirineos, carne muy apreciada en las cocinas más selectas.
Ascenso hacia la conca alta del Noguera Ribagorçana
Desde Senet, una breve subida asfaltada nos conduce a la presa del embalse de Baserca, también conocido como embalse de Senet, situado a 1.361 metros de altitud. Construido sobre el río Noguera Ribagorçana, este embalse hidroeléctrico está rodeado de cimas que superan los 3.000 metros, como el macizo de la Maladeta, el macizo del Besiberri o el Pic de Mulleres. El paisaje es granítico, abrupto y espectacular: un valle profundo excavado entre montañas que acumulan nieve buena parte del año. Una vez superada la presa por un tramo de pista muy roto y con mucha pendiente, la pista se ensancha y la inclinación afloja siguiendo el GR11, con tramos abiertos que permiten contemplar el agua azul del embalse a la izquierda y los bosques alpinos de pino negro y abeto que marcan el camino hacia el norte.
Del Berguedà al Coll de la Merolla
Salimos de La Pobla de Lillet por la carretera que asciende hacia el Coll de la Merolla (1.108 m), paso natural entre el Berguedà y el Ripollès. La subida, de unos 8,5 km, es suave y muy agradable, con muchas curvas y tramos sombríos que atraviesan bosques de pino rojo, haya y abeto. A medida que ganamos altura, el paisaje alterna paredes de roca y pequeños prados abiertos hasta coronar el collado, donde la vista se extiende hacia las montañas de los alrededores y la sierra de Montgrony.
Del Coll de Toses al Coll de la Creueta (1.888 m)
Una vez superada la Collada de Toses, la carretera sigue ganando altura en un tramo de sube y baja que nos lleva a la Collada del Pedró y después al Coll de la Creueta (1.888 m), punto más alto de la etapa. Este collado marca la divisoria natural entre el Ripollès y el Berguedà. El paisaje es abierto y alpino, con prados extensos y cimas como el Pic de la Creueta (2.067 m) a la izquierda. Desde aquí, las vistas son espectaculares: líneas y líneas de montañas que se extienden hasta el horizonte.
Las montañas y las calas de Begur
Salimos de Pals y nos dirigimos hacia las montañas de Begur, atravesando caminos rurales y bosques mediterráneos. En la costa, pasamos por Platja de Pals y las pequeñas calas de agua transparente encajadas entre rocas y pinos, Sa Riera y Sa Tuna. Desde aquí, la carretera asciende hasta el pueblo de Begur, con sus casas de indianos, torres de defensa y miradores abiertos al Mediterráneo. Desde el castillo, uno de los puntos más altos de la costa, se domina todo el litoral ampurdanés, desde las Islas Medes hasta el Cap de Begur.
Pueblos del Collsacabra
Son tantas las opciones para conocer la Garrotxa, desde el aire en globo, a pie o en bicicleta junto a los volcanes, siempre con buenos productos autóctonos en la mesa, que nos prometemos volver mientras vamos en dirección a la provincia de Barcelona. La primera parada del día es en uno de los Pueblos con Encanto, Rupit, con su coqueto caserío de piedra en mitad del Collsacabra, un paisaje natural de montañas con vertiginosos riscos, arroyos y cascadas. En la oficina de turismo de Rupit contratamos una visita para que nos cuenten la historia de esta localidad crecida al amparo de una enorme roca donde un día hubo un castillo.
Amanecer en la fachada marítima
Nuestro segundo día en Barcelona va a estar dedicado al mar y al producto de proximidad, sin faltar la visita a alguno de los mercados de la ciudad. Con 43 integrantes, la red de mercados de Barcelona es una de las más grandes del mundo. Salimos temprano para ver amanecer y hacer un poco de ejercicio por la fachada marítima de la ciudad. En apenas unos minutos de paseo vamos pasando de la Barceloneta, el barrio de las bodegas y bares de tapas, la ropa tendida y el sabor a rumba catalana, a la nueva arquitectura que se asoma a la orilla del mar, con algunos chiringuitos de interesante diseño cuya ubicación guardamos para visitar en otro momento.
Sant Pere de Rodes, la joya del románico sobre el Cap de Creus
Superado el punto más alto, la pista comienza una larga bajada con vistas espectaculares sobre Llançà y el mar. Después de pasar por Valleta y Vilajuïga, empezamos la subida por carretera al monasterio de Sant Pere de Rodes (8,8 km +484 m). Es una ascensión constante y agradable, ya dentro del Parque Natural del Cap de Creus, rodeada de olivos y viñas y con vistas del Empordà y del golfo de Roses. En lo alto encontramos el monasterio de Sant Pere de Rodes, que emerge imponente sobre la montaña de Verdera. Fundado en el siglo IX y considerado una de las joyas del románico catalán, el conjunto reúne los tres símbolos de la sociedad feudal: el monasterio (la fe), el pueblo de Santa Creu de Rodes (el trabajo) y el Castell de Sant Salvador de Verdera (la defensa). Desde aquí las vistas sobre la costa ampurdanesa son inmensas, con Port de la Selva y el Cap de Creus al fondo.
Cocina del Berguedà
Por la tarde nos reunimos todos de nuevo y continuamos por carretera hasta Bagà, haciendo una breve parada en Guardiola de Berguedà para visitar el magnífico cenobio benedictino de Sant Llorenç. Terminamos el día con un bien merecido surtido de recetas locales. Sobre la mesa van desfilando los pèsols (guisantes) negres con panceta, las patates emmascarades, que se cocinan con butifarra negra y el trinchado de col y patata al que aquí llaman trumfos amb col. Tras la cena damos un paseo por el pintoresco pueblo de Bagà.
Llegada a Sitges y al Mediterráneo
El descenso final nos deja en Sitges, uno de los pueblos más emblemáticos de la costa catalana. Entramos en el núcleo urbano por el paseo marítimo, siguiendo el carril bici junto a la playa hasta el centro histórico. El aire salado, las palmeras y las casas blancas anuncian la llegada al mar. Una etapa corta pero intensa, que une el silencio de los viñedos con el Mediterráneo.
Con Picasso en Gósol
Esta tranquilidad pastoril de la montaña berguedana atrajo a Pablo Picasso a otro de esos pueblos. A lomos de una mula y cargado con sus caballetes subió hasta la modesta localidad de Gósol para pasar la primavera de 1906. Cuentan que el genio, que se instaló en la única fonda local, bosquejó en tan solo tres meses más de cien obras que marcaron el comienzo de su etapa cubista. Pintó las casas del pueblo, a los paisanos y llenó de notas un cuadernillo de viaje, el Carnet català, cuya reproducción se guarda en el Centro Picasso de Gósol. Mientras parte del grupo visita este museo y se rinde a la gastronomía local, el resto nos calzamos las botas de montaña y emprendemos una ruta circular que nos llevará a recorrer el perímetro de una de las montañas más emblemáticas de Catalunya: el Pedraforca. En los 17 kilómetros y 790 metros de desnivel contemplamos las cuatro vertientes de este coloso pétreo, además de andar un trecho del camino que recorrieron los cátaros en la Edad Media durante su huida de la inquisición desde Occitania.
Avistamiento de aves
Son numerosas las opciones y actividades para conocer la morfología del delta, podemos navegar por el río o el mar, pedalear por tranquilos caminos rurales o conocer los procesos del cultivo de arroz. Nosotros nos decantamos por aproximarnos a la fauna de este singular espacio natural, para lo que toca madrugar mucho porque nos hemos apuntado a una salida para avistar aves en el Delta de l’Ebre y los animales están mucho más activos en las primeras horas del día. Con la ayuda de unos prismáticos y un telescopio, que nos facilita el naturalista que nos acompaña, observamos especies como el aguilucho lagunero, el morito, el somormujo, el zampullín y una bandada de vistosos flamencos. Para entender un poco mejor el delta y la fragilidad de este valioso espacio natural declarado Reserva de la Biosfera —más de 300 especies de aves anidan o van de paso—, entramos en MónNatura Delta, centro de interpretación de la naturaleza y de los modos de vida y recursos tradicionales.
Tossa de Mar
Circulamos en paralelo a la costa hasta nuestra siguiente parada, Tossa de Mar, dejando al norte el macizo de Les Gavarres, de cuyos bosques de encinas y alcornoques sale una importante producción de tapones de corcho. Tomamos el primer café del día con vistas a la muralla de Tossa de Mar. Por el barrio de pescadores de Sa Roqueta llegamos hasta el Portal, el acceso a la Vila Vella donde hemos quedado para empezar una visita guiada que incluye la entrada al Museo Municipal para ver una obra de Marc Chagall. Tras el paseo por la parte más antigua de esta localidad fortificada, decidimos seguir el tramo del Camino de Ronda que va hasta cala Giverola para asomarnos al mirador de Sant Jaume, un balcón con espectaculares vistas de los acantilados y de la población con su castillo.
Ascenso por el Port de Varradòs hasta el collado (2.049 m)
Desde Arròs, la carretera empieza a ganar altura de forma constante. Los primeros 7,5 km son exigentes, con pendientes sostenidas. La vegetación y el agua son abundantes: bosques de abetos, hayas y robles. Los últimos 2,5 km hasta el Saut deth Pish, una cascada emblemática del Val d’Aran, son más suaves y permiten disfrutar del paisaje y empezar a ver la inmensidad del valle. A partir de aquí dejamos el asfalto y seguimos por una pista de tierra que continúa subiendo unos 6,5 km, con tramos constantes pero nunca técnicos. El camino se adentra en el valle, flanqueado por prados verdes bañados por las aguas de las cascadas que alimentan el río Varradòs. Si nos giramos, las vistas sobre el Val d’Aran son espectaculares. Finalmente, llegamos al Coll de Varradòs (2.049 m), punto más alto de la jornada.
De las calas del Cap de Creus a los Aiguamolls de l’Empordà
Después de Cadaqués, la ruta se adentra por pistas interiores que atraviesan la vertiente sur del parque. El camino pasa cerca del Castell de la Guardiola y baja hasta la costa, siguiendo tramos de pista que alternan subida y bajada. Pasamos por calas emblemáticas como Montjoi y Murtra. Tras una última ascensión corta, llegamos a un mirador natural desde donde hay una vista privilegiada sobre todo el golfo de Roses. Desde aquí bajamos hacia Roses, que atravesamos, y nos dirigimos hacia la llanura por caminos rurales que entran en el Parque Natural dels Aiguamolls de l’Empordà. El paisaje cambia completamente: las montañas dan paso a campos de arroz, lagunas y canales habitados por aves acuáticas como la garza real o el flamenco rosa. Los últimos kilómetros son completamente llanos, ideales para pedalear de forma relajada hasta llegar a Castelló d’Empúries, antigua villa condal con un patrimonio histórico importante y puerta de entrada a la llanura ampurdanesa.
Barcelona modernista
No todos los días se tiene el privilegio de despertar en un hotel modernista, el hechizo de las sugerentes formas del modernismo nos lleva a decidir seguir dedicando la mañana a esa arquitectura. La Ruta del Modernismo de Barcelona recorre hasta 120 edificios de esa hermosa corriente artística, con obras de arquitectos tan importantes como Gaudí y Domènech i Montaner. Nosotros optamos por hacer una visita guiada por algunas de las construcciones más impresionantes del Patrimonio Unesco de Barcelona, como la Casa Batlló, La Pedrera, la Casa Vicens, el Recinto Modernista Sant Pau y el Palau de la Música Catalana, en la que nos explican los orígenes de este movimiento artístico, la importancia que tuvo para la ciudad y nos muestran importantes detalles de las fachadas.
Un hermoso amanecer
Ha sido un acierto pernoctar en Montserrat, dedico el inicio de la mañana a hacer una sencilla ruta por el entorno del Parque Natural de Montserrat, recorrido que invita al paseo calmado y a la meditación mientras los primeros rayos de sol van pintando de rojo las puntas de las rocas más emblemáticas, como el Cavall Bernat, el Serrat del Moro y La Palomera. Si la visita coincide con el horario de actuación de la Escolania, una de las escuelas de música más antiguas de Europa, merece la pena entrar a la basílica para escuchar cómo entonan el Virolai, canción que también es conocida como Rosa d’abril y está dedicada a La Moreneta.
De la Vallès rural a Caldes de Montbui
Salimos de L’Ametlla del Vallès en dirección a Santa Eulàlia de Ronçana, pedaleando por pistas anchas entre campos de cultivo y bosques de pino blanco y encina. El paisaje es abierto, con la silueta de la Serra de Collserola ya visible en el horizonte. A medida que avanzamos hacia Caldes de Montbui, el relieve se vuelve más ondulado. El pueblo es conocido por sus termas romanas y sus fuentes de agua termal, una tradición viva que lo convierte en una de las villas balnearias más antiguas de Cataluña. Tras cruzar el casco antiguo, entramos en el Vallès Occidental, pasando por Sentmenat y siguiendo pistas rurales entre campos, bosques y pequeños núcleos.
Pasado y futuro
El desayuno en el hotel incluye yogur y quéfir de leche ecológica, procedentes de una granja que trabaja la agricultura regenerativa. El interés por saber más de esta práctica tan vinculada con la salud de la tierra nos anima a apuntarnos a una actividad de permacultura, una auténtica filosofía ligada a la sostenibilidad que busca la armonía con la naturaleza. Tras comprar galletas de Camprodon y embutidos típicos de La Cerdanya, bull, bisbe y pa de fetge, hacemos una última parada antes de poner rumbo a La Garrotxa. El Museu Etnogràfic de Ripoll tiene como responsabilidad preservar la memoria de tradiciones y oficios, y muestra que es necesario conocer el pasado para entender lo que somos.
El único Parque Nacional de Catalunya
El recuerdo de las constelaciones sobre nuestras cabezas compensa la hora de trayecto que tenemos entre La Pobla de Segur y la Vall de Boí. Al llegar a Senterada vemos las señales de acceso a la Vall Fosca, otro de los parajes naturales de Catalunya que merecen una escapada. La carretera inicia un progresivo ascenso hasta coronar el Coll de la Creu de Perves, con buenas vistas de los Pirineos. A partir de El Pont de Suert la carretera se adentra entre montañas, hacia la puerta de entrada al Parque Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. En esta entrada hay un centro de información del parque. El único parque nacional de Catalunya nos permite disfrutar de un espectacular entorno natural: más de 200 lagos de origen glaciar rodeados de picos que rondan los 3.000 metros de altura. En primavera y verano, las gencianas y los rododendros ponen una nota de color en las verdes praderas.
El parque nacional tiene dos entradas más. Boí y Espot son los pueblos donde están las sedes principales y por donde se ha de acceder para visitar los lugares más conocidos, como Aigüestortes y el lago de Sant Maurici. La tercera entrada es a través de Sort y Llessui, donde también hay un centro de información del parque.
Buscando a Picasso
En las últimas horas del día nos acercamos hasta Horta de Sant Joan, la localidad que enamoró a Picasso. «Todo lo que sé lo he aprendido en Horta», llegó a decir el pintor. Viendo atardecer sobre las Rocas de Benet, una de las formaciones más conocidas de Els Ports, un parque natural idóneo para la práctica del senderismo, podemos intuir las razones que llevaron a Picasso a hacer esa afirmación.
Atravesando el Garraf
Después de Olèrdola, el paisaje cambia de repente. Dejamos atrás los viñedos para entrar en el Parque Natural del Garraf, un territorio de relieve roto y seco, dominado por la roca caliza y el bosque mediterráneo. El camino alterna tramos de grava y carreteras estrechas, rodeadas de romero y tomillo, con el mar cada vez más cerca. Pasamos cerca de Sant Pere de Ribes antes de iniciar el descenso por el Camí de les Casetes, una pista panorámica que serpentea hasta la costa con el Mediterráneo al fondo.
Pueblos medievales
Nos trasladamos desde la costa al interior del Empordà. Atrás van quedando la silueta del Montgrí con su castillo, montaña que divide el Alt y el Baix Empordà, y el acceso a L’Estartit, puerto de salida para visitar el pequeño archipiélago de las Medes, una de las reservas de flora y fauna marinas más importantes del Mediterráneo y visita imprescindible para amantes del buceo. Tras llegar a Peratallada, y tomar un desayuno en base a embutidos y quesos de las comarcas del Empordà, iniciamos un recorrido en burricleta (bicicletas rurales con asistencia eléctrica) por los pueblos medievales del Empordanet: el propio Peratallada, Ullastret, Canapost, La Bisbal d’Empordà, capital catalana de la cerámica; y Pals, con su inconfundible recinto amurallado.
Descenso por la Vall d’Àssua hasta Sort
Seguimos la pista hasta un punto donde gira a la derecha y se abre sobre la Vall d’Àssua, donde serpentea el río Berasti. La pista flanquea el valle a media altura, con las bordas de Llessui abajo y las cumbres de más de 2.500 metros arriba, como el Montsent de Pallars (2.883 m), que a medida que avanzamos va quedando atrás. Poco a poco el camino empieza a bajar, pasando cerca del Coll de Triador y cruzando las antiguas instalaciones de la estación de esquí abandonada de Llessui. El descenso continúa en zigzag por una pista ancha que desemboca en la carretera de Llessui. A partir de aquí, solo queda dejarse llevar por el asfalto, pasando por Llessui, Sorre y Altron, hasta llegar a Sort, villa de origen medieval, donde el río Noguera Pallaresa vuelve a aparecer como hilo conductor y punto final de la jornada. Los más aventureros podrán cambiar la bici por la piragua y practicar deportes de aguas bravas en uno de los mejores ríos de Europa.
De la Garrotxa al Empordà
Después del collado, el paisaje cambia progresivamente. Los bosques de roble y alcornoque dejan paso a campos abiertos y masías dispersas que anuncian la llanura ampurdanesa. Pasamos por Maià de Montcal y Lladó, un pueblo con encanto situado entre bosques mediterráneos y márgenes de piedra seca, y continuamos por pistas de gravel cómodas hasta Cistella y Avinyonet de Puigventós. Los últimos kilómetros son llanos y agradables, entre olivos y cereales, hasta llegar a Figueres, capital del Alt Empordà y ciudad donde se encuentra el famoso Museu Dalí, final de la etapa y del tram 4.
El ascenso al Coll de Bracons
Salimos de Sant Esteve d’en Bas y comenzamos el ascenso al Coll de Bracons para superar la Serra dels Llancers. Son 8,2 kilómetros con 655 metros de desnivel positivo y una pendiente media del 8%, un puerto exigente pero espectacular. La carretera serpentea dentro de un bosque frondoso donde predominan hayedos y robledales, que mantienen el ambiente fresco y húmedo. En algunos puntos, la vegetación se abre y permite contemplar la Vall d’en Bas y las montañas de la Garrotxa, que se despliegan a nuestra espalda. El tramo final es el más intenso, pero la llegada al collado compensa cualquier esfuerzo con una panorámica amplia y silenciosa sobre la sierra.
El túnel de Vielha y la puerta del Val d’Aran
Dejamos atrás el embalse y seguimos paralelos a la carretera N-230, pasando junto al barranco de Besiberri y el refugio de Conangles, rodeados de un paisaje de alta montaña entre bosques y pedreras. Llegamos a la entrada del túnel de Vielha, una infraestructura histórica que conecta la Alta Ribagorça con el Val d’Aran. El túnel es transitable en bicicleta, siempre que se avise previamente al servicio SOS Vielha mediante la telecabina situada en la entrada; el personal cierra temporalmente un carril al tráfico para garantizar el paso seguro de los ciclistas. Es obligatorio llevar luz y chaleco reflectante. Dentro del túnel hay unos 400 metros de subida y el resto es todo descenso. Al salir, tomamos el Camin deth Port, una pista de bajada que sigue el río Nere hasta llegar al centro de Vielha, final de etapa y puerta de entrada al Val d’Aran.
Congost de Mont-rebei
Nuestra siguiente parada será Balaguer, donde cogeremos fuerzas con una coca de recapte, hecha, por supuesto, con pimientos y berenjenas de la huerta leridana. La carretera panorámica entre Balaguer y la Baronia de Sant Oïsme es un recorrido de gran belleza paisajística, con vistas sobre el río Segre y el magnífico pantano de Camarasa. El entorno del pantano, que mira a la sierra del Montsec, es propicio para la práctica del senderismo —una etapa del GR-1 pasa por allí—, la observación de pinturas rupestres e incluso para sobrevolarlo en globo, parapente o ala delta a baja altura. Estos paisajes son un buen preludio a lo que nos espera en el Congost de Mont-rebei. El paisaje de vértigo y piedra más célebre de Catalunya puede recorrerse a pie, a través de un estrecho desfiladero, o en kayak a lo largo del río Noguera-Ribagorçana. Nosotros nos decidimos por la vertiente terrestre para caminar junto a paredes cuya altura, en algunos tramos, supera los quinientos metros.
Del valle de Gresolet al patrimonio medieval de Bagà
Des del Coll de Torn comienza una larga y agradable bajada que se adentra progresivamente en el valle. La pista es ancha y cómoda, aunque en algunos tramos pedregosa, y finalmente se convierte en asfalto. A medida que perdemos altura, la vegetación se hace más densa, con bosques mixtos de pino rojo, haya y roble. Cerca de Guardiola de Berguedà, la ruta enlaza con un tramo de la Via del Nicolau, un antiguo trazado ferroviario recuperado como camino ciclable. Esta sección es un auténtico placer para pedalear: túneles, pasarelas de madera y vistas al río Bastareny acompañan la entrada al fondo de valle. El último tramo sigue el camino real histórico que une Guardiola de Berguedà con Bagà, hasta llegar a la plaza porticada del núcleo medieval, final de etapa.
Biblia en piedra
Hoy nos hemos levantado con ganas de montaña. Para empezar con energía optamos por un esmorzar de forquilla en el que algunos se decantan por la butifarra con seques y otros por una carne de caza estofada en la que sería delito no mojar pan. Después del desayuno nos acercamos al monasterio de Santa María de Ripoll para ver de cerca este magnífico símbolo de la Catalunya medieval, fundado en el año 879. Su portada monumental, compuesta por toda una miríada de motivos geométricos, estructuras vegetales y personajes labrados en gres —la llaman la biblia de piedra— merece una detenida contemplación.
Kayak en el lago
La mañana discurre sin prisas navegando en kayak por ese acuífero formado hace más de 250.000 años. El silencio de nuestra embarcación a remos nos permite avanzar sin asustar a las garzas, cigüeñas y ánades, que atienden sus quehaceres sin que parezca importarles nuestra presencia. Tras la navegación nos acercamos a una de las pesqueras que salpican las orillas del estanque. Estas pintorescas construcciones de los siglos XIX y XX ejercieron como almacén para los aperos de pesca y como casetas de baño para la rica burguesía local. Para emular a aquellas elegantes damas y señores decimonónicos, aprovechamos para darnos un chapuzón en una de las áreas habilitadas para ello.
Hacia Montserrat
El viaje continúa en dirección norte con la intención de conocer el patrimonio modernista industrial de Terrassa, una de las Ciudades y Villas con Carácter, la masía Freixa con sus arcos parabólicos y hacer una ruta por los jardines más destacados de la ciudad y sus iglesias visigóticas. Es un conjunto patrimonial de excepción, a nivel europeo, en el que podemos hacer un recorrido por varios siglos de la historia del arte.
La siguiente parada es Monistrol de Montserrat, donde cojo el tren cremallera para subir a la montaña de Montserrat, uno de los paisajes más icónicos y hermosos de Catalunya, cargado de gran simbolismo porque allí se ubica un monasterio y el santuario dedicado a la Virgen de Montserrat, la patrona de Catalunya, popularmente conocida como La Moreneta. Los amaneceres en la montaña son impresionantes, por lo que decido quedarme a pasar la noche en la hospedería del monasterio.
Descenso hacia el Monestir de Poblet y Montblanc
La vegetación alrededor de la carretera nos priva de cualquier vista hasta la mitad del descenso, donde se descubre por dónde sigue la carretera y podemos disfrutar de las vistas de todo el valle. El largo descenso nos conduce directamente al Monestir de Poblet, Patrimonio Mundial de la UNESCO y una de las joyas del Císter catalán. Desde aquí dejamos el asfalto para tomar una pista que serpentea entre olivares y cultivos, pasando por L’Espluga de Francolí, hasta llegar a Montblanc, una villa amurallada con un núcleo medieval que conserva todo el encanto de siglos pasados.
Por el Camin Reiau hasta Arròs
Salimos de Vielha y, después de cruzar Gausac, nos incorporamos al Camin Reiau, un antiguo sendero que conecta los pueblos de la Val d’Aran. El trazado avanza paralelo al río Garona por caminos anchos y tramos sombríos, donde los árboles forman un túnel de vegetación. El bosque es denso, lleno de abedules, avellanos y hayas, con el sonido constante del río al lado. El terreno es suave y muy agradable hasta Arròs, donde cruzamos el río para comenzar la subida hacia el valle de Varradòs.
Galletas de Camprodon
Regresamos a Ribes de Freser en el tren cremallera y retomamos la ruta hasta Camprodon, donde pasamos por su puente medieval y compramos varias cajas de las afamadas galletas artesanas. Entre Camprodon y Olot la carretera pasa por preciosos pueblos, si se dispone de tiempo cada uno de ellos merece una parada: Beget, Pueblo con Encanto, Sant Joan de les Fonts, con su puente medieval, y Castellfollit de la Roca, colgado de una pared basáltica que emerge del paisaje como si de la proa de un barco se tratara. Después de un completo día, nos dirigimos a una de las numerosas masías típicas catalanas, convertidas en alojamiento, que podemos encontrar en los alrededores de Olot.
Tras las huellas de Picasso
Doy un pequeño salto en el tiempo para trasladarme a la Barcelona bohemia de finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad que tuvo entre sus calles al joven Picasso. Paseo por lugares esenciales en su vida, como la escuela donde estudió, la calle Avinyó y la cervecería donde hizo su primera exposición individual. La obra del artista me ha abierto el apetito, aprovechando que la ruta acaba en el museo Picasso, ubicado en el barrio del Born, continúo con una ruta gastronómica por emblemáticas tabernas del barrio. Una buena opción para continuar la tarde es el paseo tranquilo visitando tiendas, algunas de ellas centenarias, de productos hechos a mano, como joyerías, moda, cosmética, artesanía y turrones.
Las Valls d’Àneu y la llegada a Espot
La pista continúa bajando siguiendo la Noguera Pallaresa hasta Esterri d’Àneu, pasando por Alòs d’Isil, Isil y Borén, donde finaliza la larga bajada. A partir de aquí, la ruta cruza el río y comienza una nueva subida por una carretera secundaria que conduce a Son, un mirador natural sobre el embalse de la Torrassa y todas las Valls d’Àneu. Los bosques que rodean la carretera están formados por pino rojo, pino negro y abetos, típicos de la montaña media pirenaica. Los últimos kilómetros alternan suaves subidas y bajadas entre bosques hasta llegar a Espot, puerta de entrada al Parc Nacional d’Aigüestortes i Estany de Sant Maurici y final de una jornada que resume a la perfección la esencia de los Pirineos.
Sabor a mar
Nos trasladamos a Reus, donde la tradición del vermut es casi una religión. La Ruta del Vermut nos lleva hasta un museo con una colección de objetos utilizados en la elaboración y a una antigua fábrica. Finalizamos el recorrido degustando un vermut y unas avellanas de la D. O. P. Reus con vistas a la Casa Navàs, una de las joyas del modernismo en Cataluña. La ciudad es una de las etapas de la Ruta Cicloturista del Aceite, que recorre las localidades productoras de AOVE de la D. O. P. Siurana, de la variedad arbequina, uno de los aceites más apreciados del mundo. Pasamos la tarde viendo la llegada de las barcas de pesca al puerto de Cambrils. Los aromas que salen de las cocinas de los restaurantes cercanos nos invitan a probar la cocina marinera de la capital gastronómica de la Costa Daurada.
De la llanura del Baix Ter a los pueblos medievales del Empordà
Una vez cruzamos el Ter, la ruta se vuelve más rural y cultural. Pasamos por Gualta y Ullastret, antiguo poblado ibérico y uno de los núcleos medievales mejor conservados de la zona. La siguiente parada es La Bisbal d’Empordà, capital comarcal y conocida por su tradición cerámica; en los talleres todavía se oye el ruido de los tornos y el color de los azulejos llena las calles. Los últimos kilómetros nos llevan a Peratallada, un auténtico tesoro medieval con calles empedradas, portales fortificados y fachadas de piedra dorada, y a Sant Feliu de Boada, pequeño núcleo de origen feudal rodeado de campos y masías centenarias. Desde aquí, un último tramo entre campos y caminos rurales nos conduce hasta Pals, final de etapa, donde el núcleo antiguo y su torre románica cierran una jornada llena de historia y autenticidad ampurdanesa.
De Sas a El Pont de Suert, siguiendo el riuet d’Erta
Desde Sas, la pista continúa flanqueando el riuet del Port d’Erta, pasando junto a la iglesia románica de Sant Bartomeu d’Erta, rodeada de cimas que superan los 2.200 metros como el Cap dels Vedats d’Erta o el Pic de la Tartera. La ruta sigue en descenso hasta las inmediaciones de Castellars, donde se toma un tramo de carretera que después conecta con la pista de la Mina, que nos conduce hasta Malpàs. Desde aquí, un último tramo de carretera asciende ligeramente hasta Gotarta, antes de un descenso final rápido y divertido con amplias vistas del valle que nos lleva directamente hasta El Pont de Suert, capital de la Alta Ribagorça.
Productos frescos en el mercado
Tenemos cita en el mercado, así que cogemos los capazos de artesanía de palma que habíamos comprado el día anterior en una de las tiendas del barrio del Born y nos disponemos a dejarnos asesorar por nuestro guía para comprar los productos más frescos, con los que prepararemos los platos en el taller de cocina. Tras dar buena cuenta de la paella de mariscos que cocinamos, y apuntar todos los pasos de la receta para triunfar en nuestro regreso a casa, nos dirigimos a la cofradía de pescadores para ver la llegada de las barcas de pesca y asistir a la subasta en la lonja. Resulta muy interesante ver cómo ha sobrevivido la actividad pesquera en una metrópoli tan grande, con una cofradía capaz de servir pescado fresco a la gran demanda de los restaurantes de la Barceloneta.
Altos vuelos
La montaña de Montserrat es aún más sobrecogedora durante un vuelo en helicóptero. Una vez aterrizamos, con una emoción que nos durará el resto de la jornada, probamos el mató artesano, delicioso con un poco de miel, y un vasito de ratafía. Para aprender más sobre las hierbas y plantas que lleva esta popular bebida, visitamos un vivero de plantas autóctonas en el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac y hacemos un itinerario por el entorno.
Del valle de la Cerdanya a Puigcerdà
Una vez llegamos a Alp, la ruta cambia completamente de ambiente. El relieve se suaviza y pedaleamos por caminos rurales y campos de pasto, cruzando el río Segre para seguir el Camí Ral de Sant Jaume, un antiguo trazado que conecta los pueblos del valle de la Cerdanya. Es un tramo suave, con el sonido del río como hilo conductor, pasando por Bolvir antes de llegar a Puigcerdà, capital histórica de la Cerdanya, con su lago y la torre del campanario dándonos la bienvenida y punto final de la etapa.
Horneando pan
A lo largo de toda la ruta nos hemos ido encontrando con panes artesanales, como los de la I. G. P. Pa de Pagès Català. No queremos irnos sin saber cómo se elabora, así que en Cardedeu nos apuntamos a un curso en el que nos enseñan a elaborarlo con diferentes tipos de grano ecológico de kilómetro 0. Entramos en la capital por la sierra de Collserola para visitar las viñas de Barcelona. Allí están produciendo vinos y aceites ecológicos, un proyecto con un interesante trasfondo social. El viaje termina con una cena a base de productos de las cercanías de Barcelona, como la carne blanca de la I. G. P. Pollastre i Capó del Prat, de la comarca de El Baix Llobregat, y brindando con vino de la D. O. Catalunya, exponente de una tradición vinícola que se remonta a tiempos de los fenicios y los romanos.
Del mar al macizo de Cadiretes
Salimos de Tossa de Mar y dejamos atrás la costa para adentrarnos en el macizo de Cadiretes, un espacio natural protegido que combina encinares, alcornocales y pinares mediterráneos. La pista asciende progresivamente entre bosques densos, con tramos sombríos y vistas ocasionales del mar a nuestra espalda. A medida que ganamos altura, el paisaje se abre y permite ver la llanura de Vidreres y, en el horizonte, las montañas del Montseny. Es un tramo solitario y natural, con caminos pedregosos pero ciclables.
El largo descenso hacia La Seu d’Urgell
El descenso nos conduce hasta el refugio de la Basseta, en el santuario de Sant Joan de l’Erm, un oasis de calma entre prados y bosques de alta montaña. A partir de aquí, la ruta continúa alternando pequeñas subidas y bajadas siguiendo el valle del río de Santa Magdalena, con tramos de pista estrecha, barrancos y zonas de agua que aportan frescura y contraste. Después de una nueva subida de unos 7,5 km, el camino baja por el Serrat de les Cabanelles, un descenso largo y divertido con curvas en zigzag y tramos panorámicos. La pista, aunque cómoda, presenta algún punto técnico que requiere atención. En los últimos kilómetros pasamos por Sendes y Bellestar, ya en la comarca de l’Alt Urgell, antes de llegar a La Seu d’Urgell. Final de etapa y del tramo 3.
Amanecer en Banyoles
El lago de Banyoles, situado a medio camino entre las cumbres de los Pirineos y las amplias llanuras del Empordà, nos da los buenos días con un hipnótico amanecer de colores rosáceos sobre sus aguas. A primera hora solo estamos nosotros y los ornitólogos que se han acercado para fotografiar algunas de las especies protegidas por la Red Natura y el convenio RAMSAR, que calificó este humedal como Zona Húmeda de Importancia Internacional.
El viñedo del Priorat
Hemos entrado en la comarca del Priorat, tierra de los vinos de la D. O. Montsant y la D. O. Q. Priorat, conduciendo por una carretera con vistas al Montsant. La primera luz del día tiñe de tonos rojizos la cresta de ese macizo de conglomerado. En el Priorat se pueden hacer muchas actividades para descubrir el apasionante mundo del vino y su cultura, nosotros decidimos empezar por la parte histórica y paramos en la cooperativa de Falset-Marçà, otra de las bodegas de arquitectura modernista junto a las visitadas el día anterior. Cuando estábamos esperando a que apareciera el guía para dar comienzo a la visita, se presentó Blai, un supuesto trabajador que nos fue explicando, en clave de humor, el proceso de elaboración del vino. Desde Falset iniciamos un recorrido por una de las carreteras más espectaculares de las comarcas de la Costa Daurada, con vistas al viñedo del Priorat dispuesto en terrazas y a los pueblos de Gratallops, La Vilella Alta o La Vilella Baixa, entre otros. Quedan pendientes para otro viaje algunos pueblos que por sí solos merecen una visita y que hacen necesario un pequeño desvío de la ruta, como Porrera, Torroja del Priorat o Cabacés.
Remedios caseros
Por vertiginosas carreteras llegamos hasta Ossera. Queremos seguir la Ruta de los Olores y las Trementinaires, mujeres que recogían plantas aromáticas para elaborar ungüentos medicinales. Tras conocer su emocionante historia, participamos en un taller para aprender a preparar nuestra propia trementina. Otro aroma, el del queso, nos lleva hasta La Seu d’Urgell, capital de las D. O. P. Mantega i Formatge de l’Alt Urgell i la Cerdanya. Cada año, en el mes de octubre, se celebra la Feria de Sant Ermengol, con una destacada muestra de los mejores quesos artesanos de los Pirineos.
De Banyoles a la Platja d’Espolla y el Fluvià
Salimos de Banyoles rodeando el lago por el carril bici Banyoles–Melianta y continuamos por pistas anchas y llanas entre campos, hasta llegar a la Platja d’Espolla, uno de los espacios naturales más singulares de Cataluña. Este estanque intermitente, que solo se llena con aguas subterráneas, forma un paisaje único donde la vida se adapta a los ciclos de agua y sequía. Desde aquí, la pista continúa por el Pla de Martís, hasta llegar al río Fluvià.
Un paseo por el Eixample
Salgo temprano para pasear por la fachada marítima de la ciudad y volver a disfrutar del amanecer. Para entender un poco mejor el urbanismo barcelonés, podemos contratar un tour privado con un arquitecto para recorrer el Eixample, la expansión urbanística que conectó el casco antiguo con la Vila de Gracia formando un damero que parece trazado con escuadra y cartabón. Este barrio concentra una buena parte de los edificios con mayor valor patrimonial de ciudad, entre ellos importantes obras modernistas como la Casa de les Punxes, La Pedrera, la Casa Amatller o la Casa Batlló.
Monumentos de Lleida
El día arranca con un copioso desayuno, en el que no faltan el pa amb tomàquet, el aceite de oliva de la D.O.P. Les Garrigues, los embutidos y esas peras que en Lleida tienen Denominación de Origen Protegida, y un paseo por los alrededores de la Seu Vella, un templo con un magnífico cimborrio y un campanario octogonal de sesenta metros de altura, desde donde se tiene una amplia panorámica de la ciudad y de las tierras que la rodean. La Seu forma parte, junto al Castillo del Rey o Suda, de un conjunto monumental que ayuda a entender la historia de la ciudad. Esta es tierra de campos que se extienden hasta el horizonte; todo un vergel de frutas y hortalizas que acabarán en las recetas de muchos platos de la gastronomía leridana. En esas llanuras fértiles que rodean Lleida, Ciudad y Villa con Carácter, visitamos el castillo de Gardeny, que en el siglo XII alojó a los soldados templarios asentados en esta zona. Una de las actividades que se pueden hacer en el castillo es la de meterse en la piel de un templario por un día.
La capital del río Ter
La carretera entre Rupit y Manlleu cruza el Collsacabra, nos desviamos apenas diez kilómetros para llegar hasta Tavertet y hacer una sencilla excursión que nos permite tener espectaculares vistas de los riscos que toman el nombre del pueblo y del pantano de Sau, un embalse del río Ter, al pie de la sierra de las Guilleries, rodeado de bosques de pinos exóticos y abetos. Ya en Manlleu, ciudad marcada por el río Ter tanto a nivel de orografía como de pasado industrial, asistimos a una interesante visita teatralizada. Assumpta, uno de los “Espíritus del Ter”, nos cuenta la importancia que tuvieron las colonias industriales que se establecieron a lo largo del río para el desarrollo de Catalunya, principalmente relacionadas con los trabajos de transformación del algodón en hilo para servir a las industrias textiles.
De Tarragona a Reus: historia y modernismo
Salimos de Tarragona por carriles bici y pequeños caminos que nos alejan de la ciudad, siguiendo un trazado llano, agradable y casi sin darnos cuenta entramos en Reus. Cruzamos el centro, donde se encuentra la Plaça del Mercadal, presidida por el edificio modernista del Gaudí Centre, donde podremos interpretar la vida y la obra del arquitecto. El paso por esta ciudad invita a tomar un vermut, bebida con gran tradición desde finales del siglo XIX, antes de adentrarnos de nuevo en el entorno rural. Una combinación perfecta entre patrimonio y autenticidad catalana.
Descenso hacia el Ebro
Desde el punto más alto, el camino inicia una bajada hacia Miravet, conocido por su castillo templario y su histórico paso sobre el río. Continuamos por caminos secundarios y pistas entre campos de frutales y cultivos de secano, pasando por Benissanet, hasta llegar a Móra d’Ebre, capital de la Ribera d’Ebre. El río Ebro vuelve a convertirse en protagonista y cierra una etapa llena de historia y naturaleza. Una jornada que respira autenticidad en cada curva.
Cruzando el Espai Natural del Collsacabra
Después de coronar, descendemos unos kilómetros por la otra vertiente hasta un desvío a la izquierda que nos conduce por pista hacia Sant Julià de Cabrera. Nos adentramos en el Espai Natural del Collsacabra, un lugar de una geología impactante, con riscos abruptos y una gran riqueza biológica. El paisaje es verde y húmedo, dominado por robles, bojedas y hayedos que cubren el entorno. Volvemos a la carretera para descender unos kilómetros y afrontar una nueva subida hasta el Coll de Bac, atravesando bosques propios de la Alta Garrotxa. Desde el collado, una bajada ondulada nos lleva hasta Rupit, uno de los pueblos más bucólicos del país: casas de piedra, callejones empedrados y un puente colgante sobre el río, todo rodeado de riscos y saltos de agua que definen su belleza.
Pueblos medievales y carreteras rurales
Después de la Fageda, la ruta continúa hasta Santa Pau, un pueblo medieval con calles empedradas y una plaza porticada de una belleza excepcional. Desde aquí seguimos por carreteras secundarias que pasan por El Sallent y Santa Maria del Collell, alternando tramos de bosque y campos abiertos con vistas a la Serra de Rocacorba. La pista sube suavemente hasta el Collet de Guixeres y después comienza un descenso por el interior del bosque hasta salir a la cuenca del Estany de Banyoles.
Un pueblo tranquilo
Empezamos la mañana haciendo un pequeño desvío para visitar Guimerà, un buen ejemplo de recinto medieval rural. En las primeras horas del día tenemos el privilegio de pasear en soledad por el callejero de un pueblo que ofrece una de las postales más perfectas de la provincia de Lleida.
Un vermut diferente
Tras comprar azafrán de El Montsec en la agrotienda del hotel, nos dirigimos a la zona más septentrional de la Ruta del Vino de Lleida, donde la viña crece a casi mil metros de altitud. En La Pobla de Segur paramos en una cervecería artesana con propuestas como el maridaje con helado o el beermut, adaptación del vermut clásico en la que entran en juego los quesos y embutidos locales como la secallona. También visitamos una fábrica de ratafía, un negocio familiar que lleva desde 1883 en el mundo de las maceraciones y las destilaciones.
Una catedral románica
La Seu d’Urgell es una ciudad con un interesante patrimonio vinculado a su condición de obispado, cuyo mayor exponente es la catedral de Santa María, la única íntegramente románica que se puede ver en Catalunya. Conducimos por la carretera panorámica que une La Seu d'Urgell con Gósol, con un trazado que serpentea entre los pinares que marcan el límite occidental del Parque Natural Cadí-Moixeró. Los primeros rayos de sol acarician las paredes color miel de las villas que vamos pasando a lo largo del camino: El Ges, Adraén, Fórnols, Cornellana o Tuixent, entre otras, pintorescos pueblos de piedra cuyos habitantes se han acostumbrado a vivir en altura y en relativo aislamiento.
De Camprodon a Beget por carreteras estrechas y bosques densos
Salimos de Camprodon en dirección a Rocabruna, por carreteras estrechas que ascienden suavemente entre bosques espesos para coronar el Coll de la Boixeda. Después empieza un descenso de 12 km por una carretera secundaria preciosa, cubierta de vegetación de todos los verdes posibles. Pasamos por Rocabruna y Beget, uno de los pueblos más bonitos de la etapa, con calles empedradas y un entorno natural de una belleza impresionante.
Vía Verde del Carrilet hasta Girona
En Quart nos incorporamos a la Vía Verde Ruta del Carrilet II Girona–Sant Feliu de Guíxols, antiguo trazado ferroviario convertido en una de las rutas ciclistas más agradables del territorio. El camino, bien acondicionado y rodeado de vegetación, avanza paralelo al río Onyar entre tramos de bosque y prados de cultivo. Los puentes y pasarelas ferroviarias restauradas dan un encanto especial al recorrido. La entrada a Girona es progresiva, con el casco antiguo y la catedral visibles desde la distancia. Una vez aparcamos la bici, podemos pasear por sus calles empedradas y descubrir los vestigios romanos y la judería, uno de los mejor conservados de Europa, y hacer una parada en alguno de los bike-cafés.
Atravesando La Molina y Masella
Desde el collado dejamos el asfalto para tomar una pista panorámica que atraviesa las estaciones de esquí de La Molina y Masella. El camino alterna tramos abiertos de prados de alta montaña con secciones de bosque claro y vistas constantes sobre el valle de la Cerdanya. La bajada es técnica en algunos puntos, con fuerte pendiente y zonas pedregosas, pero el paisaje compensa cualquier esfuerzo: el Cadí a nuestras espaldas y toda la llanura de la Cerdanya desplegándose a nuestros pies.
Nadando con atunes
La primera parada del día es en L’Ametlla de Mar, una localidad incluida en la lista de Barrios y Villas Marineras. El encanto marinero que todavía conserva se puede apreciar en un tranquilo paseo por el animado puerto y caminando por sus íntimas y diversas calas: urbanas, de fina arena, rocosas, al pie de frondosos bosques o de guijarros. Pero nos hemos levantado con ganas de aventura y nos enfundamos un traje de neopreno para hacer una curiosa actividad, nadar entre enormes ejemplares de atún rojo del Mediterráneo. Llegamos a las piscinas tras un corto viaje desde la costa, tiempo en el que nos dan unas básicas instrucciones. Es sobrecogedor ver salir a los atunes de la profundidad y pasar veloces junto a nosotros. La actividad acaba con la degustación de este apreciado pescado, que ya era fuente de aportación proteica para los legionarios romanos.
La Garrotxa en globo
Suena el despertador antes de que amanezca. El madrugón está más que justificado porque hemos reservado un vuelo en globo aerostático sobre el Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa, un lugar único en la península, de excepcional valor paisajístico y densos bosques de encinas, robles y hayas. Una parte del grupo decide conocer los volcanes desde el suelo y se va a recorrer en bicicleta uno de los tramos de la Vía Verde del Carrilet de Olot. Los que vamos a subir al globo estamos citados a poco más de cinco kilómetros al sur de Olot. La experiencia empieza con el montaje de los instrumentos y el inflado del globo. Los primeros rayos de sol dan el pistoletazo de salida de esta aventura que tiene mucho de silencio y contemplación. A nuestros pies los volcanes de Santa Margarida y el Croscat; más allá los Pirineos cubiertos de niebla. Es imposible registrar tanta belleza en las dos dimensiones de una fotografía, esto hay que vivirlo. Aunque los volcanes también se pueden recorrer a pie, nada iguala la visión que se tiene desde el cielo.
Cascada de aguas glaciares
Desde Vielha conducimos siguiendo el curso del río Garona hasta uno de los lugares más pintorescos de la Val d'Aran, Artiga de Lin, una sucesión de verdes prados, barrancos y ríos que forman uno de los valles más bellos y de más fácil acceso de la Val d’Aran. A partir de aquí, una corta caminata nos acerca a Els Uelhs Deth Joeu, una cascada que se alimenta de las aguas del glaciar del Aneto. El fenómeno es excepcional, ya que el curso de agua desaparece cuatro kilómetros más arriba, en el valle de Benasque, para resurgir en este lugar con toda su fuerza.
La llegada a Terrassa
En los últimos kilómetros, el terreno se suaviza con ligeras ondulaciones que anticipan la llegada a Terrassa, ciudad con carácter y un rico patrimonio modernista e industrial. Los caminos anchos bordeados de árboles permiten disfrutar del esfuerzo realizado. Las vistas se abren mostrando los primeros edificios de la ciudad, enmarcada por las montañas que encontraremos en las próximas etapas. La entrada urbana se realiza por el parque de Vallparadís, un corredor verde que nos conduce suavemente hasta el final de esta primera jornada, en pleno corazón de la ciudad del Vallès Occidental, donde encontramos todo tipo de servicios y alojamientos. También se puede visitar el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Cataluña (mNACTEC).
El jardín del Penedès
El corazón del Penedès, tierra con una larga tradición vitivinícola, es mi próximo destino. Su viñedo está encajado entre Montserrat y el mar Mediterráneo, un paisaje marcado por algunas suaves ondulaciones del terreno y grandes planicies que establecen una analogía con ese mar que le da carácter. En Sant Sadurní d’Anoia visito el Centro de Interpretación del Cava, donde a través de las diferentes salas descubro la historia, los protagonistas y la arquitectura de esta bebida tan emblemática. El extenso viñedo del Penedès tiene hechuras de jardín, anoto en mi diario de viaje tras dedicar parte de la tarde a visitar algunos de los miradores de la ruta Miravinya, cinco atalayas con magníficas vistas sobre un paisaje vinícola del Alt Penedès salpicado de márgenes y barracas de piedra seca. Acabo el día con una cata vertical en una de las legendarias bodegas del Penedès, en la que me enseñan a apreciar las sutiles diferencias que el paso del tiempo otorga al vino.